POESÍA

Una mancha roja, se expande y se derrama en si misma, me come.
La siento abarcarme desde atrás, sus bordes nítidos se oscurecen, su elasticidad permite la perversión del espacio, las personas observan, la indiferencia me aturde, la mía propia me identifica.
En el centro se reflejan con un brillo mortecino y excitante, las muecas de todos aquellos embrutecidos por su global manera de azotar los demonios internos.
Me gusta ver cuando mis ojos desenfocan el objeto disipado, me gusta imaginar los puntos que se rozan fuera de mí, las partículas de cualquier cosa que chocan con la percepción de los rayos magnéticos de mi irracionalidad.
La mancha me come, me contiene y me lleno de ella, la siento expandirse, tan roja y tan roja; estoy a punto de voltear, tengo miedo de no reconocer la luz que choca contra mis colores.
Mi melancolía se contrae dentro de una mancha sangrante de ideas, se me escurre entre los dedos marcándome los pliegues y haciéndome llorar, me mutila los presentes, me refuta el argumento de felicidad.
Los pinceles lánguidos de hembras sacrificadas, la luna y sus montes de Venus, el perro perdido y vagabundo por necesidad, la chamarra reposando olvidada en alguna cafetería, la punta de una uña al final de una mano que sostiene un paraguas negro en un velorio de otoño, una sala acolchada de hollín y maledicencias, mi cabeza rapada de frente a un oratorio.
La mancha sigue ahí, me desmorona y me parte las coyunturas, va dejándome lunares rojos en el plano vacío de la existencia, ladeo la cabeza y reflexiono la caricia del destino, me cierro el abrigo y recorro las callecillas de noche y  en silencio.

Price Bulnes

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Sistema y origen
Se ha movido el sistema.
La interferencia sólo  aceleró el origen,
agotó la posibilidad de mecanismos visibles
y la palabra germina
en los suburbios de la emotividad.

La palabra es pensamiento
enfrascado en un sistema original 
que se proyecta
en mecanismos invisibles.
Alejandro Mitre

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Intentos fallidos
Un hombre fue confundido por su cara de ratón y llevado a una exposición de novedades humanas. Le dieron empleo en un circo y se hizo experto en variedades de quesos. Se fue acostumbrando a su cuerpo lleno de pelo gris, a dormir en lugares pequeños y a dominar el arte de la gesticulación. Un día sintió que su vida era feliz y decidió creer que era un ratón. Cuando se dio cuenta de que le era imposible dejar de hablar, cosa bastante característica de los humanos, se mordió la lengua para ver si conseguía enmudecer pero murió ahogado en su propia trampa.
Elisa Herrera
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Los euros y ella
Tumbada en el sillón, con las manos delgadas, los ojos hundidos y  el cabello enmarañado, parece olvidada, con un hueco en el vientre y un pesar que arrastra diariamente.
Recibe correos, dormita a la espera de que pasen siete horas para estar a la par del alma que ha dejado. Su madre la llama  y eso parece devolverle la respiración y el color de la cara. Afuera la lluvia no para, el viento hace sentir su fuerza. El noticiario informa que noviembre ha tenido veintiséis días de lluvia y que diciembre no será mejor. Recomiendan abrigo y botas de  plástico y ella se pregunta, si los euros valen tanto para padecer la ausencia de su familia, también la de esa persona que le hacía creer que todo valía la pena y que la luna puede ser su madre y entregarle caricias cuando lo necesite cerca. Una gota escapa de sus ojos y se aferra a la  cobija que tiene sobre el cuerpo, la cerveza de ayer ha dejado su huella, el humo ha penetrado su ropa y mañana, mañana tiene que volver a trabajar.
Leticia López García

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Campo de trigo

Ayer caminé por un campo de trigo, 
que el viento mecía
como olas de un mar amarillo
y yo caminaba despacio 
acariciando las briznas con mis manos,
eran tan suaves al tacto...
y yo seguía caminando
mientras el viento acariciaba mi cara 
en medio del campo.
Yo sonreía, era feliz, 
nada delimitaba mi espacio,
en el horizonte azul y amarillo 
sólo volaban los pájaros
y en mi almohada de sueños mullidos
el mundo real se había evaporado...
Ayer caminé por un campo de trigo,
por un instante burlé a mi destino
que hace tiempo me hizo olvidar
mi esencia de luz y de espíritu;
y me volví etérea como el aire
y me quedé en el campo: convertida en trigo.
Patricia K. Olivera


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se disuelve la nube, se di…suel…ve en trizas flecos del vestido trazos blancos
como tiza blanca bandera de la patria celeste
en las márgenes del río se disuelve, pasa a la clandestinidad la nube
dispersa en fragmentos microscópicos que van y van

no se puede tocar la nube, no se toca la disolución pero se siente su látigo su fleco
se percibe en los órganos, raspa la corteza del pan, del pan del día
comunión que se espera del cielo
un maná prometido, todos los días ha de haber, y es prioritario no alentar mezquindades
cada día ha de haber, pero no siempre hay
esa miga, alimentando al mundo
no siempre hay esa solidez de las palabras esa carnadura del silencio que cala en la
                                                                                                                            / textura
y permanece

se di…suel…ve el día, la célula amniótica, la memoria neuronal se disuelve
pasa como una nube ligera que va y va

se hace trizas lo que iba quedando de ese cielo
trizas como tripas hambrientas sin la miga pequeña y saludable
pasa a la clandestinidad lo que ya no alimenta, se tuerce se olvida se deja disolver
pigmentos microscópicos de tiempos que fueron prioritarios

se evade la nube, la memoria del cuerpo, la longitud del rayo, la blancura
somos eso
una evasión de nubes, pan del cielo
una corteza rara y bendecida

Ana Guillot (de Exégesis, inédito)

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