ENTREVISTA


 a  Luis  G.  Abbadie.


Por  Alberto Neri.

¿Cuál   es   tu nombre,  completo  donde naciste?

Nací en Guadalajara, Jal., en 1968. Mi nombre es Luis G. Abbadie –y ahí dejémosle, el nombre legal es lo de menos, éste es el que vale. También  me conocen algunos por mi “nick” de internet, Wisdom Stone, que no elegí realmente sino que era sólo mi correo electrónico, y en los días en que participaba en los difuntos grupos de MSN, me empezaron a llamar así, sobre todo en foros de paganismo, por eso lo utilizo como seudónimo en ocasiones al hablar de estos temas.
  
¿Qué   es   Paganismo?

Hay tantas respuestas como paganas para esa pregunta. El Paganismo actual no tiene nada que ver con el uso popular de la palabra; el vulgo toma al pagano por alguien “carente de religión”, “inmoral”, “profano”; pero ven cambio, los que nos autodenominamos paganos –y definitivamente me incluyo- somos quienes nos ceñimos a una variedad de sendas espirituales y religiosas, dando nueva vida a la fe de los antiguos dioses precristianos de los pueblos europeos, mediterráneos y del Cercano Oriente: griegos, celtas, romanos, sajones, mesopotámicos, egipcios, etc. Esto engloba una inmensa variedad de perspectivas: panteísmo, politeísmo, y muchas variantes, todas ellas sin vínculo con las tradiciones bíblicas y, contrario a las preconcepciones, sólidos parámetros éticos y morales en estas creencias. Quizá lo único que podríamos decir que todos los paganos tenemos en común es la convicción de que la tierra que habitamos es algo sagrado, la naturaleza misma una manifestación de lo divino.

 ¿Por  qué  te gusta  escribir   historias de   terror?

Me parece que hay dos maneras de aproximarse al acto de escribir, en la literatura, el trabajo siempre es sistemático, eligiendo un tema y desarrollándolo (hay casos de “escribir lo que salga” pero suelen ser para textos breves), pero hay una gran diferencia entre ponerse un tema y el propósito de escribir cierto tipo de libro, con un tono realista, dramático, terrorífico, produciendo un trabajo competente y artificial, y el escribirlo de acuerdo a las sensibilidades personales, a través de un “filtro mental” que nos hace ver las cosas de cierta manera. Ese filtro, en mi caso, con frecuencia favorece al terror. ¿Por qué? Podría decir, escribo historias de terror porque me gusta leerlas; es la respuesta más directa y cierta. Pero creo que va más hondo que eso; un escritor de ficción honesto no escribe o deja de escribir una historia de terror por decisión; escribe lo que se le da, comienza un libro y éste adquiere el tono que sus propios matices creativos le brindarán por sí mismos.

El terror permite ahondar en la experiencia humana de una manera directa, confrontar justo aquello que confrontamos en la vida de manera directa y metafórica, permitiéndonos experimentar y reflexionar, claro que sin las consecuencias precarias del encuentro real con la adversidad, el miedo y el dolor, pero sí con tal profundidad que a veces, la lectura de una obra del género puede cambiarnos sutilmente, modificar nuestra perspectiva, inspirar un insight –prepararnos mejor para enfrentar los miedos que se presentan en nuestra vida y que no se irán al cerrar el libro.

Quien dice “no tengo por qué estar exponiéndome a esto sin razón” y deja de lado una novela de terror porque le provocó angustia o miedo, sencillamente no ha podido enfrentar el hecho de que un libro así únicamente despierta los miedos y angustias que ya están presentes en su experiencia personal, y en lugar de encararlos y superarlos con ayuda de la ficción, elije evadirlos… lo que significa que en su experiencia de vida, estará aun menos preparado para confrontarlos cuando se presenten.
En cambio, para quienes gustamos de esta forma de literatura, es un verdadero deleite el abrirnos a todas las formas de experiencia humana, ya que lo terrible enriquece la existencia a su manera; si acabamos apreciando tanto al protagonista de un libro, es porque la adversidad que enfrenta nos orilla a identificarnos y también a preocuparnos por él; la ansiedad que produce el que enfrente peligros, hace más valiosos y recompensantes sus logros y satisfacciones –y cuando el final no es feliz, pues la literatura no se limita sólo a lo bello –aun el dolor se sublima en tragedia, un lujo que rara vez nos permite la crudeza de la experiencia vital.

 ¿De  qué trata  el código  secreto del Necronomicon?

La historia comienza con unos manuscritos del difunto artista plástico y esoterista Juan Kraeppellin, que llegan a mis manos; éstos contienen capítulos hasta ahora inéditos del Necronomicón de Abdul Alhazred. Allí comienza una búsqueda del libro original, rastreando su llegada a México, y hasta las manos de Kraeppellin; en el proceso surgen episodios históricos y legendarios de la ciudad de Guadalajara: las hazañas de “Raffles” el ladrón elegante, que pasó sus últimos días en nuestra ciudad y que a muchos nos narró entusiasta sus antiguas aventuras; sor Angélica, la monja poeta y hereje que victimó la Inquisición y que se dice que todavía ronda como fantasma el Exconvento del Carmen; los túneles que se extienden bajo la Catedral; los crímenes del asesino serial llamado “el Mataindigentes”; así como la presencia de personajes y grupos diversos que se interesan en el Necronomicón por diversas razones: la orden del Vampiro, una sombría organización esotérica; grupos de New Age y contactismo, que buscan la conexión entre el Necronomicón y las predicciones para lo que llaman la “conexión 11:11 y 12:12” y la “nueva era” que dicen inaugura el año 2012. También se encuentra en este libro una entrevista realizada al contactado Jonathan Reed, y una descripción del programa de TV canadiense donde mostró el funcionamiento de su brazalete teletransportador de aparente origen alienígena.

Todos estos elementos se entretejen, como telón de fondo para presentar una perspectiva completamente distinta de todo ese mundo esotérico New Age que gira en torno a la intervención alienígena, los ciclos cósmicos y las profecías ahora inminentes.

Hay quienes al ver semejante lista de temas “extravagantes” dirá, “eso para qué”; una lástima que haya personas tan limitadas en su perspectiva, pero así es. No se trata de creer en todo esto, y yo mismo pongo en tela de juicio muchas cosas, mientras que no es ningún secreto que también comparto ideas que para los escépticos pueden ser igual de extrañas; pero lo importante para el lector que mira desde fuera este mundo de conceptos paranormales, sería que reales o no, éstos conforman las creencias de miles, quizá millones, de personas en el mundo entero, al grado de que esto determina su forma de vivir en el mundo y la sociedad. Como lo he dicho más de una vez en mi obra, una creencia no necesita ser real para ser un factor real en la experiencia humana.

En este libro no me pongo en la posición escéptica radical, ni tampoco en la del creyente devoto en la “conexión 2012”, sino que asumo una tercera postura, ofreciendo un ángulo distinto que permite tomar en cuenta aspectos que sé bien que los interesados en el tema rara vez contemplan; toda creencia firme es un filtro selectivo, y por ello presento información y enfoques que incluso muchos que estudian el tema encontrarán novedosos, no porque lo sean, sino porque no estoy utilizando la misma lente que ellos.

Para los interesados en los Mitos de Cthulhu y el Necronomicón, también están incluidos los capítulos inéditos del Necronomicón que arrojan nueva luz sobre los Mitos y que complementan las diversas ediciones ahora existentes del libro con símbolos y textos que éstas mencionan pero nunca se habían publicado.


¿Cuántos   libros  tienes  publicados,  menciónalos?

El último relato de Ambrose Bierce (Plenilunio, 1995) –éste fue un plaquette que muchas personas me han dicho que debería volver a publicar de nuevo; de hecho se encuentra reeditado, en forma corregida y expandida, como parte del siguiente libro:
El grito de la máscara (Minerva, 1998) –una segunda edición se encuentra en Lulu.com, de nuevo con el título El último relato de Ambrose Bierce. Este libro contiene
El Necronómicon: Un comentario (La Otra Orilla, 2000) –una versión actualizada de este libro es mi única obra que he sacrificado al formato digital, y se encuentra en la web Barnes & Noble bajo el título: Necronomicon – Historia secreta de un libro maldito (bajo el sello Bad Koala Books).
Códice Otarolense (Euterpe, 2002; escrito con el Apoyo a Jóvenes Creadores del CECA, 1999-2000), este fue mi trabajo más ambicioso en mucho tiempo, una reconstrucción de la cosmovisión prehispánica, con el subtítulo Sumario de la historia de la formación del mundo y de los dioses y diablos de la Nueva España, con una exposición de las hechicerías y alabanzas de los indios naturales de esta tierra, hecho y recopilado por Fray Guillermo de Otarola y Guzmán, de la orden de San Francisco, en el mes de Agosto del año de 1548, para el muy reverendísimo Señor Don Fray juan de Zumárraga, obispo de la muy leal y gran Ciudad de México.
El sendero de los Brujos (Veglia, 2004), un texto dedicado a quien desee profundizar en la Wicca, inspirado por algunas experiencias durante el primer Encuentro Nacional Wicca-Pagano, en 2003 en Malinalco.
            Noches paganas: Cuentos narrados junto  al fuego del sabbath (Veglia, 2008), una colección de relatos basados en la tradición y folklore de la brujería escocesa.
2012: El código secreto del Necronomicón (Rémora, 2010, 2011)


¿Cómo  surge  la idea  de personajes  con nombres;  qué   no son  comunes?

Creo que la respuesta más clara la dio H.P. Lovecraft, uno de los iniciadores de este hábito. Según él explicaba, muchos de estos nombres
“están diseñados para sugerir –ya sea muy de cerca o remotamente- ciertos nombres en la historia o folklore verdaderos a los cuales se vinculan asociaciones extrañas o siniestras. De esta manera ‘Yuggoth’ tiene una especie de molde arábigo o hebraico, para sugerir ciertas palabras transmitidas desde la antigüedad en las fórmulas mágicas contenidas en manuscritos moros y judíos. Otros nombres sintéticos como ‘Nug’ y ‘Yeb’ sugieren el tono obscuro y misterioso del folklore tártaro o tibetano”. Así lo hacía Lord Dunsany, y Lovecraft seguía sus pasos; pero también tenía un método propio, que utilizaba “ para urdir nombres no humanos, como los de las localidades y habitantes de otros planetas. Está muy claro (aunque la mayoría de los escritores no se percatan de ello) que el lenguaje que se supone que sea usado por seres no terrestres –sin órganos vocales humanos y sin conocimiento de las tradiciones terrestres- no debería semejarse de ninguna manera al habla humana. Los sonidos no deberían seguir ningún patrón de lenguaje humano, y no deberían ser de ningún modo derivados de –o adaptados a- el equipo de pronunciación humana. En otras palabras, el diseño entero debería ser ajeno a tanto las ideas como la lengua de la humanidad “.

Gran parte de los nombres utilizados en mi libro proceden de los Mitos de Lovecraft, mejor conocidos como Mitos de Cthulhu, aunque también los hay de orígenes en las doctrinas esotéricas y culturas antiguas.

No es raro que varios personajes que no son sino personas reales tengan a su vez nombres extraños, como Juan Kraeppellin –como lector de Lovecraft y practicante de la Gnosis del Necronomicón, estaba más que familiarizado con lo que he citado; él mismo asumió este nombre para su identidad pública, según decía en recuerdo a un filósofo que no se sabe si haya existido. “Raffles” el ladrón es un seudónimo también, Vicente Hernández Alexandre fue nombrado así por la prensa debido a que sus hazañas como ladrón emulaban las del ficticio ladrón Raffles, un personaje de las novelas pulp europeas. De haber vivido unas décadas más tarde, el público mexicano probablemente le habría llamado “Fantomas”.

¿Para  ti   explícame  que es el oscurantismo?

En el Medievo, la humanidad tocó fondo en cuanto a estancamiento en su progreso como especie y civilización. Regímenes de castas impositivas mantenían sometidas a las masas, una Iglesia teocrática y acaparadora imponía un yugo letal sobre toda Europa; el conocimiento, el saber, la libertad, eran proscritos. Este yugo religioso se evidencia de mil maneras: toda práctica ética, mística y religiosa, e incluso estudio de cualquier tipo, que no fuese sancionado por la Iglesia, era considerado una práctica satánica y castigable con prisión, azotes, incluso con la horca y la hoguera; toda búsqueda de sabiduría se declaró “inducida por los demonios”, y no es casualidad que la misma palabra “demonio” surja del griego “daimon” que significa “un ser sabio”. Los hombres y mujeres sabios, porque (según algunas versiones) eso significa la palabra sajona Witcha (brujo o bruja), eran considerados seres perversos en contubernio con Satanás. El derecho de pernada era la ley, y las mujeres carecían de derechos; paradójicamente, la sexualidad era sinónimo de impureza y pecado. Galileo y Giordano Bruno fueron enjuiciados por plantear una astronomía que no se basara en el geocentrismo absoluto.

Pero el oscurantismo no ha muerto; los prejuicios no desaparecen fácilmente. En la actualidad hay intolerancia, hay prejuicios, hay regímenes religiosos y laicos que recurren a métodos represivos. A pesar de los valores constitucionales en nuestro país, la ignorancia humana ha hecho que ésta sea una de las pocas naciones donde hombres y mujeres han muerto por linchamiento en  años recientes, acusados del “crimen” de brujería. Hay familias necias que pretenden vivir en un sistema de castas y marginan y desprecian a los mestizos, morenos o indígenas, o incluso a los que simplemente son de familia humilde. Todo eso es oscurantismo.

Me sigo preguntando el porqué de la pregunta; quizá la manera en que esto se vincula con mi obra y mi persona es que todas estas cosas son justamente a las que me opongo. Escribo acerca del horror, y no hay horror más grande que la ignorancia, y lo que sucede cuando ésta adquiere el poder en una sociedad. Escribo acerca de las religiones politeístas, europeas y mesoamericanas, todas aquellas que el oscurantismo religioso, ése que sólo es posible cuando un credo cualquiera se proclama a sí mismo “única religión verdadera”, ha intentado por dos milenios –y sin éxito, a pesar de las apariencias- suprimir. Escribo acerca de la brujería, y las brujas y brujos son los disidentes por excelencia, aquellos que no se arredran ante la prohibición y preservan el “saber prohibido”; aquellos que no ven en la sexualidad pecado sino sacralidad, ni en el placer mero hedonismo sino un rito de honor a lo divino; aquellos que luchan todos los días por legitimar sus derechos sociales cuando hace apenas cien años se veían obligados a resguardarse en la clandestinidad; aquellos que se oponen a todo yugo y representan, por su naturaleza misma, la libertad.


¿Qué   opinas   de  los  vampiros?

Me quedo con el mito original y obras ya clásicas de literatura y cine que se han inspirado en él. Por desgracia, es un mito bastante limitado, y soy de la opinión de que su potencial narrativo fue agotado por Stephen King en su homenaje a Bram Stoker, la novela El misterio de ‘Salem’s Lot (y vaya todo mi desdén por cualquier lector que pretenda conocer dicha obra sólo por haber visto cualquiera de las dos adaptaciones fílmicas). El vampiro estilo King reapareció, quizá por última vez, en la comedia Los muchachos perdidos, su canto de cisne; a partir de allí, Anne Rice, Mario Cruz y otros autores han escrito muchos libros con “vampiro” en el título, pero ya no se trata del vampiro original, han tenido que recrearlo, que imaginar un nuevo mito para poder contar cosas nuevas. Y de Stephanie Meyer y sus vampiros con glitter sólo diré que estoy de acuerdo con Stephen King, Caitlín R. Kiernan y muchos otros: eso ni siquiera es literatura. En fin, el vampiro moderno es otra cosa, y yo me quedo con el clásico, de todas maneras nunca me ha interesado mucho, es un personaje obligado del mundo del horror pero también, paradójicamente, uno de los que encuentro menos impactantes. Para mí, el vampiro siempre será aquel ser decadente que se aferra a un simulacro de vida, un parásito nocturno, experimentando y produciendo agonía.


¿Hablas  en  tu   Novela,  sobre  las  hadas,   que  significan  para  ti?

Estos seres son descritos en las tradiciones como habitantes de reinos intermedios, cuya morada se encuentra “bajo las colinas”. Criaturas de naturaleza muy diversa, más próximas que nosotros al ámbito del espíritu, vinculadas a la fuerza sagrada o divina inmanente en el suelo bajo nuestros pies, a la Tierra viviente de la cual todos los seres formamos parte. Hay numerosos intentos de explicar lo que son las hadas y otros seres feéricos, definiéndolos como ángeles que se abstuvieron de tomar partido en la batalla de los ángeles rebeldes contra el cielo, o bien  reduciéndolos a espíritus elementales, algo que contradice descaradamente todo lo que siempre se ha sabido de las hadas; yo no comparto estas explicaciones, me parece que por su naturaleza ambigua, se pueden explicar mejor las hadas por aquello que no son. Porque no se encuentran habitando el mismo espacio que nosotros, no corre para ellas el tiempo como lo hace en nuestro mundo, incluso su proceso racional no sigue nuestros parámetros –basta ver el folklore británico, escocés e irlandés para notarlo-; son algo muy ajeno a nosotros, sin embargo tan cercano. Además, no falta ese matiz siniestro que las vuelve tan fascinantes; el hada toda amor y colores pastel pertenece en las películas de Disney, el hada original es bella pero terrible, y es con cautela y temor que los campesinos la mencionan, y le rinden sus respetos. El hada es ambivalente, como habitante de mundos intermedios que es, y también es un atisbo de lo sagrado que subyace en la Naturaleza misma.



¿En  tu  Novela   describes   la  raza Kthanid,  háblame  de  ella?

La respuesta es algo compleja pues sin el debido contexto no tendría mucho sentido. Todo se remonta a August Derleth; este autor y editor de la Arkham House no sólo llevó al público masivo la obra de H.P. Lovecraft, además difundió mucho una supuesta cita de Lovecraft que dice “Todas mis historias, por inconexas que parezcan, están basadas en la tradición o leyenda fundamental de que este mundo fue habitado en otro tiempo por otra raza que, al practicar la magia negra, perdió su dominio y fue expulsada, sin embargo continúa viviendo en el exterior siempre lista para tomar posesión de esta Tierra una vez más”.

Esta frase es falsa; Harold Farnese, quien se escribió unas cuantas veces con Lovecraft, citaba de memoria a éste al escribir a August Derleth, y en esta cita más bien refleja la idiosincrasia del propio Farnese. Derleth se identificó con esta frase y desarrolló su propia versión de la mitología de Lovecraft; sus Mitos de Cthulhu se basan en un dualismo extremo, donde Cthulhu y los Grandes Primordiales son un panteón de “seres malignos” que fueron derrotados y expulsados por los “benévolos” Dioses Arquetípicos, creados por Derleth. Mientras que la concepción original de Lovecraft era que los Primordiales eran seres vastos e incomprensibles, producto de una evolución ajena a la nuestra o bien manifestaciones de fuerzas cósmicas o extracósmicas, que entraron en un letargo no por haber sido “vencidos” por supuestos enemigos, sino como parte de ciclos naturales propios de su existencia.

A pesar de esto, Derleth puso la cita apócrifa en todas las ediciones de Lovecraft y ésta se difundió mucho. Entre los numerosos escritores que han aportado a los Mitos de Cthulhu con nuevas obras, está Brian Lumley. Éste escribió el ciclo de novelas de Titus Crow, donde presenta su versión de los Dioses Arquetípicos de una manera demasiado humanizada, que parecen más alienígenas de Edgar Rice Burroughs que seres cósmicos o divinos propios del cosmos lovecraftiano, lo que ha escandalizado a muchos lectores puristas. Kthanid es uno de los principales Arquetípicos creados por Lumley. En lo personal, también detesto estas obras de Lumley, aunque tiene otras historias que me agradan. Al trabajar en mi libro, noté que había muchos paralelismos entre los Arquetípicos en la versión de Lumley y los Pleyadianos de las doctrinas modernas de la New Age, y quise analizarlos; sin embargo, Lumley se distingue por haber solicitado que ningún  otro autor utilice a sus personajes o creaciones sin su permiso previo, a diferencia de otros autores de los Mitos que han aportado libremente sus creaciones al universo compartido de los Mitos de Cthulhu. Aunque Lumley suele ser muy accesible para esto, me di cuenta que en última instancia sólo quería comentar algunos aspectos de sus creaciones, y no integrarlos a mi historia, de manera que en lugar de escribirle, opté por sencillamente dejar que mis personajes discutieran las obras de Lumley como tales, a Kthanid como un personaje citado por Lumley en sus libros, en lugar de integrar a Kthanid en mi historia directamente. Si, cuando escriba la secuela que tengo planeada, encuentro que es necesario replantearme la inclusión de Kthanid, entonces por supuesto que buscaré la venia de Lumley, y será de otra manera.


¿Qué  es   un demonio,  para  Luís  Abbadie?

Pienso que esta palabra no se refiere a una sino a varias cosas. Ciertamente no significa nada para mí la idea de “ángeles caídos”, pero un demonio puede ser tan buena palabra como cualquiera para referirse a entes espirituales caóticos, destructivos y voraces, de esos que se dice que se alimentan con el dolor, el odio, el miedo y cualquier emoción negativa, y a los que se atribuyen algunos casos de posesión.

En otro sentido, en el contexto de la Qabala, un demonio es una fuerza o entidad, no siempre caótica, pero sí algo “oscura”, que se contrapone a los resplandores o potencias angélicas no en oposición, sino en equilibrio y complemento. Esta versión es algo muy abstracto y complejo para sintetizar; baste decir que no estoy hablando de ninguna polaridad moral de “bien y mal”, sino de aspectos complementarios de la naturaleza.

 ¿Cuáles   son tus  autores   favoritos,  de la ciencia  ficción?

Esta es fácil –claro, presupongo que se trata de literatura fantástica en general: Arthur Machen,  H.P. Lovecraft, Stephen King, Robert Aickman, Poppy Z. Brite (¡no le digan que le etiqueto como autora de género o sacará la escopeta!), T.E.D. Klein, Warren Ellis, William Hope Hodgson, Ramsey Campbell, Ray Bradbury, Lord Dunsany, Mark Z. Danielevski, Michael Ende, Robert E. Howard, Clark Ashton Smith, Robert Anton Wilson…

¿Tienes   planeado, actualmente  otro libro, que sigue  para   Luis?

Más de uno, de hecho.

El tema de mi último libro no está agotado; en el momento de decir esto, faltan días para el anunciado 11:11:11, y el año 2012 ya se aproxima. ¿Qué harán las personas que buscan alinearse y conectarse con lo que describen como una corriente energética, una frecuencia vibracional? ¿Tienen una idea real de lo que esto conlleva? Los proponentes del 2012 suelen enfatizar que no se trata de entender, ni de razonar, sino de creer y tener fe y seguir aquello que se siente bien, encomendándose a sus ángeles y guías. La historia humana nos demuestra que incluso para quienes han seguido las filosofías más enaltecedoras y benéficas, caminar con los ojos cerrados hace que muchos pierdan pie y caigan al abismo. Por eso es que los gurúes de sectas destructivas se caracterizan por una recomendación por encima de todo: cree y no cuestiones, sigue tu corazón, no escuches versiones distintas a la nuestra, y nada malo pasará. Es decir, sé víctima perfecta para el abuso. El tema del 2012 está sien do manejado de manera muy amplia y por grupos e individuos ajenos a toda secta, pero muchos de sus propulsores utilizan este mismo argumento sin ser conscientes de que quien cierra los ojos choca contra el árbol. Esto es lo que he querido decir en mi libro. Pero ahora veremos lo que va a ocurrir, para bien y para mal. Ya se está viendo, de hecho. Y este es el tema de ese futuro libro.

Por otra parte, estoy trabajando en más de un libro con los temas de la brujería escocesa y el paganismo en general; la “brujería tradicional” se ha vuelto, como todas las cosas que llegan a los medios, una “moda”; sin embargo, esto vuelve aun más necesario hacer accesible material más fundamentado para quienes buscan abrevar de ello. Es un ámbito muy polémico; no existe una versión “buena” o “correcta” de las cosas debido al carácter muy personal de la praxis de cada brujo o bruja; aun así, no hay libro del tema que no caiga en una polarización y sea violentamente rechazado por unos y acogido por otros. Esto parece inevitable, y ha disuadido a varios autores potencialmente valiosos de publicar. ¡Pero yo nunca he sido prudente! Por una parte, continúo escribiendo ficciones basadas en la brujería, como hice en Noches paganas, pues yo considero que la ficción es un medio más eficaz para transmitir las ideas, métodos y conceptos brujeriles que ningún “manual práctico”; por otro, estoy trabajando en escribir textos más sistemáticos al respecto –algo que a veces me parece lucha perdida, ya que es un tema tan ambiguo que resiste a toda clasificación, a pesar de lo cual, más de un libro saldrá de aquí. Me han señalado que el material que tengo en El grimorio de Black John (black-john.webs.com/) otros lo habrían utilizado para armar un libro en lugar de ponerlo libremente al alcance de todos. A mi me parece que el material disponible, sobre todo en español, es tan escaso, que mucho más que eso debería volverse accesible; sí habrá más libros, y en ellos profundizaré un poco más.

IGUANAZUL

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