a Luis
G. Abbadie.
Por Alberto Neri.
¿Cuál es
tu nombre, completo donde naciste?
Nací en Guadalajara, Jal., en 1968. Mi nombre es Luis
G. Abbadie –y ahí dejémosle, el nombre legal es lo de menos, éste es el que
vale. También me conocen algunos por mi
“nick” de internet, Wisdom Stone, que no elegí realmente sino que era sólo mi
correo electrónico, y en los días en que participaba en los difuntos grupos de
MSN, me empezaron a llamar así, sobre todo en foros de paganismo, por eso lo utilizo
como seudónimo en ocasiones al hablar de estos temas.
¿Qué es
Paganismo?
Me parece que hay dos maneras de aproximarse al acto
de escribir, en la literatura, el trabajo siempre es sistemático, eligiendo un
tema y desarrollándolo (hay casos de “escribir lo que salga” pero suelen ser
para textos breves), pero hay una gran diferencia entre ponerse un tema y el
propósito de escribir cierto tipo de libro, con un tono realista, dramático,
terrorífico, produciendo un trabajo competente y artificial, y el escribirlo de
acuerdo a las sensibilidades personales, a través de un “filtro mental” que nos
hace ver las cosas de cierta manera. Ese filtro, en mi caso, con frecuencia
favorece al terror. ¿Por qué? Podría decir, escribo historias de terror porque
me gusta leerlas; es la respuesta más directa y cierta. Pero creo que va más
hondo que eso; un escritor de ficción honesto no escribe o deja de escribir una
historia de terror por decisión; escribe lo que se le da, comienza un libro y
éste adquiere el tono que sus propios matices creativos le brindarán por sí
mismos.
El terror permite ahondar en la experiencia humana de
una manera directa, confrontar justo aquello que confrontamos en la vida de
manera directa y metafórica, permitiéndonos experimentar y reflexionar, claro
que sin las consecuencias precarias del encuentro real con la adversidad, el
miedo y el dolor, pero sí con tal profundidad que a veces, la lectura de una
obra del género puede cambiarnos sutilmente, modificar nuestra perspectiva,
inspirar un insight –prepararnos
mejor para enfrentar los miedos que se presentan en nuestra vida y que no se
irán al cerrar el libro.
Quien dice “no tengo por qué estar exponiéndome a esto
sin razón” y deja de lado una novela de terror porque le provocó angustia o
miedo, sencillamente no ha podido enfrentar el hecho de que un libro así
únicamente despierta los miedos y angustias que ya están presentes en su
experiencia personal, y en lugar de encararlos y superarlos con ayuda de la ficción,
elije evadirlos… lo que significa que en su experiencia de vida, estará aun
menos preparado para confrontarlos cuando se presenten.
En cambio, para quienes gustamos de esta forma de
literatura, es un verdadero deleite el abrirnos a todas las formas de
experiencia humana, ya que lo terrible enriquece la existencia a su manera; si
acabamos apreciando tanto al protagonista de un libro, es porque la adversidad
que enfrenta nos orilla a identificarnos y también a preocuparnos por él; la
ansiedad que produce el que enfrente peligros, hace más valiosos y
recompensantes sus logros y satisfacciones –y cuando el final no es feliz, pues
la literatura no se limita sólo a lo bello –aun el dolor se sublima en
tragedia, un lujo que rara vez nos permite la crudeza de la experiencia vital.
La historia comienza con unos manuscritos del difunto
artista plástico y esoterista Juan Kraeppellin, que llegan a mis manos; éstos
contienen capítulos hasta ahora inéditos del Necronomicón de Abdul Alhazred.
Allí comienza una búsqueda del libro original, rastreando su llegada a México,
y hasta las manos de Kraeppellin; en el proceso surgen episodios históricos y
legendarios de la ciudad de Guadalajara: las hazañas de “Raffles” el ladrón
elegante, que pasó sus últimos días en nuestra ciudad y que a muchos nos narró
entusiasta sus antiguas aventuras; sor Angélica, la monja poeta y hereje que
victimó la Inquisición y que se dice que todavía ronda como fantasma el
Exconvento del Carmen; los túneles que se extienden bajo la Catedral; los
crímenes del asesino serial llamado “el Mataindigentes”; así como la presencia
de personajes y grupos diversos que se interesan en el Necronomicón por
diversas razones: la orden del Vampiro, una sombría organización esotérica;
grupos de New Age y contactismo, que buscan la conexión entre el Necronomicón y
las predicciones para lo que llaman la “conexión 11:11 y 12:12” y la “nueva
era” que dicen inaugura el año 2012. También se encuentra en este libro una
entrevista realizada al contactado Jonathan Reed, y una descripción del
programa de TV canadiense donde mostró el funcionamiento de su brazalete
teletransportador de aparente origen alienígena.
Todos estos elementos se entretejen, como telón de fondo
para presentar una perspectiva completamente distinta de todo ese mundo
esotérico New Age que gira en torno a la intervención alienígena, los ciclos
cósmicos y las profecías ahora inminentes.
Hay quienes al ver semejante lista de temas
“extravagantes” dirá, “eso para qué”; una lástima que haya personas tan
limitadas en su perspectiva, pero así es. No se trata de creer en todo esto, y
yo mismo pongo en tela de juicio muchas cosas, mientras que no es ningún
secreto que también comparto ideas que para los escépticos pueden ser igual de
extrañas; pero lo importante para el lector que mira desde fuera este mundo de
conceptos paranormales, sería que reales o no, éstos conforman las creencias de
miles, quizá millones, de personas en el mundo entero, al grado de que esto
determina su forma de vivir en el mundo y la sociedad. Como lo he dicho más de
una vez en mi obra, una creencia no necesita ser real para ser un factor real
en la experiencia humana.
En este libro no me pongo en la posición escéptica
radical, ni tampoco en la del creyente devoto en la “conexión 2012”, sino que
asumo una tercera postura, ofreciendo un ángulo distinto que permite tomar en
cuenta aspectos que sé bien que los interesados en el tema rara vez contemplan;
toda creencia firme es un filtro selectivo, y por ello presento información y
enfoques que incluso muchos que estudian el tema encontrarán novedosos, no
porque lo sean, sino porque no estoy utilizando la misma lente que ellos.
Para los interesados en los Mitos de Cthulhu y el Necronomicón, también están incluidos
los capítulos inéditos del Necronomicón
que arrojan nueva luz sobre los Mitos y que complementan las diversas ediciones
ahora existentes del libro con símbolos y textos que éstas mencionan pero nunca
se habían publicado.
¿Cuántos libros
tienes publicados, menciónalos?
El último relato de
Ambrose Bierce (Plenilunio, 1995) –éste fue un plaquette que muchas personas me
han dicho que debería volver a publicar de nuevo; de hecho se encuentra
reeditado, en forma corregida y expandida, como parte del siguiente libro:
El grito de la
máscara (Minerva, 1998) –una segunda edición se encuentra en Lulu.com, de nuevo
con el título El último relato de Ambrose Bierce. Este libro contiene
El Necronómicon: Un
comentario (La Otra Orilla, 2000) –una versión actualizada de este libro es mi
única obra que he sacrificado al formato digital, y se encuentra en la web
Barnes & Noble bajo el título: Necronomicon – Historia secreta de un libro
maldito (bajo el sello Bad Koala Books).
Códice Otarolense (Euterpe,
2002; escrito con el Apoyo a Jóvenes Creadores del CECA, 1999-2000), este fue mi
trabajo más ambicioso en mucho tiempo, una reconstrucción de la cosmovisión
prehispánica, con el subtítulo Sumario
de la historia de la formación del mundo y de los dioses y diablos de la Nueva
España, con una exposición de las hechicerías y alabanzas de los indios
naturales de esta tierra, hecho y recopilado por Fray Guillermo de Otarola y
Guzmán, de la orden de San Francisco, en el mes de Agosto del año de 1548, para
el muy reverendísimo Señor Don Fray juan de Zumárraga, obispo de la muy leal y
gran Ciudad de México.
El sendero de los
Brujos (Veglia, 2004), un texto dedicado a quien desee profundizar en la Wicca,
inspirado por algunas experiencias durante el primer Encuentro Nacional
Wicca-Pagano, en 2003 en Malinalco.
Noches
paganas: Cuentos narrados junto al fuego
del sabbath (Veglia, 2008), una colección de relatos basados en la tradición y
folklore de la brujería escocesa.
2012: El código
secreto del Necronomicón (Rémora, 2010, 2011)
¿Cómo surge
la idea de personajes con nombres;
qué no son comunes?
Creo que la respuesta más clara la dio H.P. Lovecraft,
uno de los iniciadores de este hábito. Según él explicaba, muchos de estos
nombres
“están diseñados para sugerir –ya sea muy de cerca o
remotamente- ciertos nombres en la historia o folklore verdaderos a los cuales
se vinculan asociaciones extrañas o siniestras. De esta manera ‘Yuggoth’ tiene
una especie de molde arábigo o hebraico, para sugerir ciertas palabras
transmitidas desde la antigüedad en las fórmulas mágicas contenidas en
manuscritos moros y judíos. Otros nombres sintéticos como ‘Nug’ y ‘Yeb’
sugieren el tono obscuro y misterioso del folklore tártaro o tibetano”. Así lo
hacía Lord Dunsany, y Lovecraft seguía sus pasos; pero también tenía un método
propio, que utilizaba “ para urdir nombres no
humanos, como los de las localidades y habitantes de otros planetas. Está
muy claro (aunque la mayoría de los escritores no se percatan de ello) que el
lenguaje que se supone que sea usado por seres no terrestres –sin órganos
vocales humanos y sin conocimiento de las tradiciones terrestres- no debería
semejarse de ninguna manera al habla humana. Los sonidos no deberían seguir ningún patrón de lenguaje humano, y no deberían
ser de ningún modo derivados de –o adaptados a- el equipo de pronunciación
humana. En otras palabras, el diseño entero debería ser ajeno a tanto las ideas
como la lengua de la humanidad “.
Gran parte de los nombres utilizados en mi libro
proceden de los Mitos de Lovecraft, mejor conocidos como Mitos de Cthulhu,
aunque también los hay de orígenes en las doctrinas esotéricas y culturas
antiguas.
No es raro que varios personajes que no son sino
personas reales tengan a su vez nombres extraños, como Juan Kraeppellin –como
lector de Lovecraft y practicante de la Gnosis del Necronomicón, estaba más que
familiarizado con lo que he citado; él mismo asumió este nombre para su
identidad pública, según decía en recuerdo a un filósofo que no se sabe si haya
existido. “Raffles” el ladrón es un seudónimo también, Vicente Hernández
Alexandre fue nombrado así por la prensa debido a que sus hazañas como ladrón
emulaban las del ficticio ladrón Raffles, un personaje de las novelas pulp
europeas. De haber vivido unas décadas más tarde, el público mexicano
probablemente le habría llamado “Fantomas”.
¿Para ti
explícame que es el oscurantismo?
En el Medievo, la humanidad tocó fondo en cuanto a
estancamiento en su progreso como especie y civilización. Regímenes de castas
impositivas mantenían sometidas a las masas, una Iglesia teocrática y
acaparadora imponía un yugo letal sobre toda Europa; el conocimiento, el saber,
la libertad, eran proscritos. Este yugo religioso se evidencia de mil maneras:
toda práctica ética, mística y religiosa, e incluso estudio de cualquier tipo,
que no fuese sancionado por la Iglesia, era considerado una práctica satánica y
castigable con prisión, azotes, incluso con la horca y la hoguera; toda
búsqueda de sabiduría se declaró “inducida por los demonios”, y no es
casualidad que la misma palabra “demonio” surja del griego “daimon” que
significa “un ser sabio”. Los hombres y mujeres sabios, porque (según algunas
versiones) eso significa la palabra sajona Witcha (brujo o bruja), eran
considerados seres perversos en contubernio con Satanás. El derecho de pernada
era la ley, y las mujeres carecían de derechos; paradójicamente, la sexualidad
era sinónimo de impureza y pecado. Galileo y Giordano Bruno fueron enjuiciados
por plantear una astronomía que no se basara en el geocentrismo absoluto.
Pero el oscurantismo no ha muerto; los prejuicios no
desaparecen fácilmente. En la actualidad hay intolerancia, hay prejuicios, hay
regímenes religiosos y laicos que recurren a métodos represivos. A pesar de los
valores constitucionales en nuestro país, la ignorancia humana ha hecho que
ésta sea una de las pocas naciones donde hombres y mujeres han muerto por
linchamiento en años recientes, acusados
del “crimen” de brujería. Hay familias necias que pretenden vivir en un sistema
de castas y marginan y desprecian a los mestizos, morenos o indígenas, o
incluso a los que simplemente son de familia humilde. Todo eso es oscurantismo.
Me sigo preguntando el porqué de la pregunta; quizá la
manera en que esto se vincula con mi obra y mi persona es que todas estas cosas
son justamente a las que me opongo. Escribo acerca del horror, y no hay horror
más grande que la ignorancia, y lo que sucede cuando ésta adquiere el poder en
una sociedad. Escribo acerca de las religiones politeístas, europeas y
mesoamericanas, todas aquellas que el oscurantismo religioso, ése que sólo es
posible cuando un credo cualquiera se proclama a sí mismo “única religión
verdadera”, ha intentado por dos milenios –y sin éxito, a pesar de las
apariencias- suprimir. Escribo acerca de la brujería, y las brujas y brujos son
los disidentes por excelencia, aquellos que no se arredran ante la prohibición
y preservan el “saber prohibido”; aquellos que no ven en la sexualidad pecado
sino sacralidad, ni en el placer mero hedonismo sino un rito de honor a lo
divino; aquellos que luchan todos los días por legitimar sus derechos sociales
cuando hace apenas cien años se veían obligados a resguardarse en la
clandestinidad; aquellos que se oponen a todo yugo y representan, por su
naturaleza misma, la libertad.
¿Qué opinas
de los vampiros?
Me quedo con el mito original y obras ya clásicas de
literatura y cine que se han inspirado en él. Por desgracia, es un mito
bastante limitado, y soy de la opinión de que su potencial narrativo fue
agotado por Stephen King en su homenaje a Bram Stoker, la novela El misterio de ‘Salem’s Lot (y vaya todo
mi desdén por cualquier lector que pretenda conocer dicha obra sólo por haber
visto cualquiera de las dos adaptaciones fílmicas). El vampiro estilo King
reapareció, quizá por última vez, en la comedia Los muchachos perdidos, su
canto de cisne; a partir de allí, Anne Rice, Mario Cruz y otros autores han
escrito muchos libros con “vampiro” en el título, pero ya no se trata del
vampiro original, han tenido que recrearlo, que imaginar un nuevo mito para
poder contar cosas nuevas. Y de Stephanie Meyer y sus vampiros con glitter sólo
diré que estoy de acuerdo con Stephen King, Caitlín R. Kiernan y muchos otros:
eso ni siquiera es literatura. En fin, el vampiro moderno es otra cosa, y yo me
quedo con el clásico, de todas maneras nunca me ha interesado mucho, es un
personaje obligado del mundo del horror pero también, paradójicamente, uno de
los que encuentro menos impactantes. Para mí, el vampiro siempre será aquel ser
decadente que se aferra a un simulacro de vida, un parásito nocturno,
experimentando y produciendo agonía.
¿Hablas en
tu Novela, sobre
las hadas, que
significan para ti?
Estos seres son descritos en las tradiciones como
habitantes de reinos intermedios, cuya morada se encuentra “bajo las colinas”.
Criaturas de naturaleza muy diversa, más próximas que nosotros al ámbito del
espíritu, vinculadas a la fuerza sagrada o divina inmanente en el suelo bajo
nuestros pies, a la Tierra viviente de la cual todos los seres formamos parte.
Hay numerosos intentos de explicar lo que son las hadas y otros seres feéricos,
definiéndolos como ángeles que se abstuvieron de tomar partido en la batalla de
los ángeles rebeldes contra el cielo, o bien
reduciéndolos a espíritus elementales, algo que contradice
descaradamente todo lo que siempre se ha sabido de las hadas; yo no comparto
estas explicaciones, me parece que por su naturaleza ambigua, se pueden
explicar mejor las hadas por aquello que no son. Porque no se encuentran
habitando el mismo espacio que nosotros, no corre para ellas el tiempo como lo
hace en nuestro mundo, incluso su proceso racional no sigue nuestros parámetros
–basta ver el folklore británico, escocés e irlandés para notarlo-; son algo
muy ajeno a nosotros, sin embargo tan cercano. Además, no falta ese matiz
siniestro que las vuelve tan fascinantes; el hada toda amor y colores pastel
pertenece en las películas de Disney, el hada original es bella pero terrible,
y es con cautela y temor que los campesinos la mencionan, y le rinden sus
respetos. El hada es ambivalente, como habitante de mundos intermedios que es,
y también es un atisbo de lo sagrado que subyace en la Naturaleza misma.
¿En tu Novela
describes la raza Kthanid,
háblame de ella?
La respuesta es algo compleja pues sin el debido
contexto no tendría mucho sentido. Todo se remonta a August Derleth; este autor
y editor de la Arkham House no sólo llevó al público masivo la obra de H.P.
Lovecraft, además difundió mucho una supuesta cita de Lovecraft que dice “Todas
mis historias, por inconexas que parezcan, están basadas en la tradición o
leyenda fundamental de que este mundo fue habitado en otro tiempo por otra raza
que, al practicar la magia negra, perdió su dominio y fue expulsada, sin
embargo continúa viviendo en el exterior siempre lista para tomar posesión de
esta Tierra una vez más”.
Esta frase es falsa; Harold Farnese, quien se escribió
unas cuantas veces con Lovecraft, citaba de memoria a éste al escribir a August
Derleth, y en esta cita más bien refleja la idiosincrasia del propio Farnese.
Derleth se identificó con esta frase y desarrolló su propia versión de la
mitología de Lovecraft; sus Mitos de Cthulhu se basan en un dualismo extremo,
donde Cthulhu y los Grandes Primordiales son un panteón de “seres malignos” que
fueron derrotados y expulsados por los “benévolos” Dioses Arquetípicos, creados
por Derleth. Mientras que la concepción original de Lovecraft era que los Primordiales
eran seres vastos e incomprensibles, producto de una evolución ajena a la
nuestra o bien manifestaciones de fuerzas cósmicas o extracósmicas, que
entraron en un letargo no por haber sido “vencidos” por supuestos enemigos,
sino como parte de ciclos naturales propios de su existencia.
A pesar de esto, Derleth puso la cita apócrifa en
todas las ediciones de Lovecraft y ésta se difundió mucho. Entre los numerosos
escritores que han aportado a los Mitos de Cthulhu con nuevas obras, está Brian
Lumley. Éste escribió el ciclo de novelas de Titus Crow, donde presenta su
versión de los Dioses Arquetípicos de una manera demasiado humanizada, que
parecen más alienígenas de Edgar Rice Burroughs que seres cósmicos o divinos
propios del cosmos lovecraftiano, lo que ha escandalizado a muchos lectores
puristas. Kthanid es uno de los principales Arquetípicos creados por Lumley. En
lo personal, también detesto estas obras de Lumley, aunque tiene otras
historias que me agradan. Al trabajar en mi libro, noté que había muchos
paralelismos entre los Arquetípicos en la versión de Lumley y los Pleyadianos
de las doctrinas modernas de la New Age, y quise analizarlos; sin embargo,
Lumley se distingue por haber solicitado que ningún otro autor utilice a sus personajes o creaciones
sin su permiso previo, a diferencia de otros autores de los Mitos que han
aportado libremente sus creaciones al universo compartido de los Mitos de
Cthulhu. Aunque Lumley suele ser muy accesible para esto, me di cuenta que en
última instancia sólo quería comentar algunos aspectos de sus creaciones, y no
integrarlos a mi historia, de manera que en lugar de escribirle, opté por
sencillamente dejar que mis personajes discutieran las obras de Lumley como
tales, a Kthanid como un personaje citado por Lumley en sus libros, en lugar de
integrar a Kthanid en mi historia directamente. Si, cuando escriba la secuela
que tengo planeada, encuentro que es necesario replantearme la inclusión de
Kthanid, entonces por supuesto que buscaré la venia de Lumley, y será de otra
manera.
¿Qué es un
demonio, para Luís
Abbadie?
Pienso que esta palabra no se refiere a una sino a
varias cosas. Ciertamente no significa nada para mí la idea de “ángeles
caídos”, pero un demonio puede ser tan buena palabra como cualquiera para
referirse a entes espirituales caóticos, destructivos y voraces, de esos que se
dice que se alimentan con el dolor, el odio, el miedo y cualquier emoción
negativa, y a los que se atribuyen algunos casos de posesión.
En otro sentido, en el contexto de la Qabala, un
demonio es una fuerza o entidad, no siempre caótica, pero sí algo “oscura”, que
se contrapone a los resplandores o potencias angélicas no en oposición, sino en
equilibrio y complemento. Esta versión es algo muy abstracto y complejo para sintetizar;
baste decir que no estoy hablando de ninguna polaridad moral de “bien y mal”,
sino de aspectos complementarios de la naturaleza.
Esta es fácil –claro, presupongo que se trata de literatura
fantástica en general: Arthur Machen,
H.P. Lovecraft, Stephen King, Robert Aickman, Poppy Z. Brite (¡no le
digan que le etiqueto como autora de género o sacará la escopeta!), T.E.D.
Klein, Warren Ellis, William Hope Hodgson, Ramsey Campbell, Ray Bradbury, Lord
Dunsany, Mark Z. Danielevski, Michael Ende, Robert E. Howard, Clark Ashton
Smith, Robert Anton Wilson…
¿Tienes planeado, actualmente otro libro, que sigue para Luis?
Más de uno, de hecho.
El tema de mi último libro no está agotado; en el
momento de decir esto, faltan días para el anunciado 11:11:11, y el año 2012 ya
se aproxima. ¿Qué harán las personas que buscan alinearse y conectarse con lo
que describen como una corriente energética, una frecuencia vibracional? ¿Tienen
una idea real de lo que esto conlleva? Los proponentes del 2012 suelen
enfatizar que no se trata de entender, ni de razonar, sino de creer y tener fe
y seguir aquello que se siente bien, encomendándose a sus ángeles y guías. La
historia humana nos demuestra que incluso para quienes han seguido las
filosofías más enaltecedoras y benéficas, caminar con los ojos cerrados hace
que muchos pierdan pie y caigan al abismo. Por eso es que los gurúes de sectas
destructivas se caracterizan por una recomendación por encima de todo: cree y
no cuestiones, sigue tu corazón, no escuches versiones distintas a la nuestra,
y nada malo pasará. Es decir, sé víctima perfecta para el abuso. El tema del
2012 está sien do manejado de manera muy amplia y por grupos e individuos ajenos
a toda secta, pero muchos de sus propulsores utilizan este mismo argumento sin
ser conscientes de que quien cierra los ojos choca contra el árbol. Esto es lo
que he querido decir en mi libro. Pero ahora veremos lo que va a ocurrir, para
bien y para mal. Ya se está viendo, de hecho. Y este es el tema de ese futuro
libro.
Por otra parte, estoy trabajando en más de un libro
con los temas de la brujería escocesa y el paganismo en general; la “brujería
tradicional” se ha vuelto, como todas las cosas que llegan a los medios, una
“moda”; sin embargo, esto vuelve aun más necesario hacer accesible material más
fundamentado para quienes buscan abrevar de ello. Es un ámbito muy polémico; no
existe una versión “buena” o “correcta” de las cosas debido al carácter muy
personal de la praxis de cada brujo o bruja; aun así, no hay libro del tema que
no caiga en una polarización y sea violentamente rechazado por unos y acogido
por otros. Esto parece inevitable, y ha disuadido a varios autores
potencialmente valiosos de publicar. ¡Pero yo nunca he sido prudente! Por una
parte, continúo escribiendo ficciones basadas en la brujería, como hice en Noches paganas, pues yo considero que la
ficción es un medio más eficaz para transmitir las ideas, métodos y conceptos
brujeriles que ningún “manual práctico”; por otro, estoy trabajando en escribir
textos más sistemáticos al respecto –algo que a veces me parece lucha perdida,
ya que es un tema tan ambiguo que resiste a toda clasificación, a pesar de lo
cual, más de un libro saldrá de aquí. Me han señalado que el material que tengo
en El grimorio de Black John
(black-john.webs.com/) otros lo habrían utilizado para armar un libro en lugar
de ponerlo libremente al alcance de todos. A mi me parece que el material
disponible, sobre todo en español, es tan escaso, que mucho más que eso debería
volverse accesible; sí habrá más libros, y en ellos profundizaré un poco más.