POESÍA

Por Ildiko Valeria Nassr

hubiera querido detener el tiempo
y empapelar mi casa con tus fotos
imágenes de tu mirada mirándome
pero aquí no se permiten las cámaras
sólo se puede apelar a la memoria
como si se tratara de un viaje en el tiempo
donde las estrellas son de papel
y el sol aún no ha nacido


(Versión libre sobre un poema de la Gioconda Belli)

No.
No soy la Ingrid Grudke
con sus piernas largas, perfectas, y sus rasgos en armonía.
Mis piernas y mis rasgos tienen una sintonía propia
que se sale de todos los moldes, convirtiéndome en una rara belleza. 

No.
No soy la Tigresa Acuña
campeona de todos los rings.
Las peleas que he ganado son de una intelectualidad aburrida.
Mis brazos sirven para sostener las computadoras
y sus teclas que auxilian la ficción de mis palabras.

No.
No soy la Moria Casán
con su exhuberancia y su lengua karateka.
Mi lengua reproduce a mis ancestros
en la ingenuidad de todas las guerras y de todos los ideales.
Mi exhuberancia, entonces, se tiñe de literatura.

No.
No soy la Coki Ramírez
con esa voz potente capaz de resucitar a todos los muertos.
Mi voz enmudece ante la injusticia
y no logra cantar más que alguna copla olvidada.
Tartamudea ante un público hostil
para el que la poesía no es distracción de sus penurias.

No.
No soy la Shakira
moviendo unas caderas que no mienten.
Mis caderas tampoco conocen la mentira
pero no hipnotizan a nadie. Soy como un animal herido
que ha perdido todos sus poderes.

Nunca seré la mujer despampanante
que se muestra en la tapa de una revista para hombres
pero soy todas las otras mujeres que se deslumbran ante la vida
y se dejan sorprender, contándola de modos novedosos cada vez.

Ildiko Nassr nació en 1976, en Río Blanco (Jujuy). Es licenciada en letras y trabaja como docente. Libros publicados: “Vida de perro” (cuentos, 1998), “Reunidos al azar” (Poemas, 1999), “La niña y el mendigo” (poesía, 2002), “Ser poeta” (en co-autoría, poemas, 2007), “Placeres cotidianos” (Microficción, 2007 y 2011), “Animales feroces” (Microficción, 2011). Forma parte de algunas antologías, como “El límite de la palabra. Antología de microrrelatos argentinos”; “Panorama del microrrelato en el NOA”; “Letras de Jujuy”, “1001 cuentos de 1 línea”, “4 voces de la microficción argentina”, entre otras.  

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Itinerario

Por  José Antonio Iñiguez Narváez

Cruzo a pie el vasto llano del pensamiento, todo a mi entorno es espejismo, hasta mi presencia es el reflejo de un haz de luz que se rompió en pedazos al llegar a la superficie. En mi ánfora hay tan sólo unas gotas de oquedad y cada paso que doy sobre la brasa es como bajar un escalón hacia el infierno. Toda la intensidad del calor me ataña como un sometimiento de la muerte y allá en lo alto, el sol es como un remolino petrificado. No hay noche ni tiempo es esta estación del fuego flotante. Comienzan a derretirse los cascarones de la estratosfera. Estoy caminando hacia la colina más lejana; donde dicen, hay dos ojos que miran fuera hacia el espacio.


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“El Silencio del Fuego”
Por  Graciela Marta Alfonso


Tramo I


Quiero escribir el sordo poema
que complejo juegue en el devaneo,
en la quieta incertidumbre,
y en la mano oscura del dolor.

Quiero escribir en memorias infinitas,
sobre el hombre que camina y olvida;
sobre el misterio, que vecino se aproxima
y sobre la rota existencia humana.

Pero necesito un tiempo extenso
donde albergar las palabras,
para componer un triste verso desnudo
y para no morir, terminando un poema.

Quiero escribir el sordo poema
que trémulo tiemble,
como las azules antorchas
de la senil y amarga sabiduría. 



Resistencia

  A Javier Sicilia.

  
Desde la orilla del dolor salta el silencio.
                                                          ¿Habrá razón alguna para callar tu rabia?
                                                   ¿para morir también junto con lo que amabas?
Condenado al silencio te exilias de ti mismo:
                                                        ¿quién podrá soportar tan atroz balbuceo?
El dolor que se estanca como líquido viejo
sin poder derramarlo en la furia del verbo,
en las alas que dan las palabras sin miedo,
los poemas que sangran sus verdades y duelos.
                                              ¡Qué no te maten el alma los asesinos de cuerpos!

Mónica Suárez

Nota: Poema publicado en: Poemas para un poeta que dejó la poesía. Antología, Literatura, Cuadernos EL Financiero, 2011.

 

Ternura azul

 Por las veredas pardas de la ausencia
persigo el amuleto de tu nombre
cuando escuches el grito en que te nombre
obséquiame el fanal de tu indulgencia.

Sólo quiero de ti, con insistencia
el afecto que viertes como hombre.
Regala una mirada que me asombre
sonrisas a mi errar y tu paciencia.

Víctimas del destiempo y la premura
a los afanes que hoy me germinaron
les espera la muerte prematura.

Compénsales, amigo, que lloraron
por el camino azul de tu ternura
permíteles contar que tremolaron.


IGUANAZUL

IGUANAZUL

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