PRESENTACIÓN

UN POCO DE:


El escritor  Václav Havel y la herencia de la humildad

En la noche del 18 de diciembre del 2011 a los 75 años Václav Havel, murió mientras dormía, se fue en puntas de pie, sin estridencias, como era su estilo. El que fuera el último presidente de Checoslovaquia y primero de la República Checa, erigido mundialmente como un símbolo de la lucha contra los totalitarismos del siglo XX, un liberador sin ínfulas, un hombre humilde. Como declarara el escritor checo Milan Kundera al conocer la noticia de su fallecimiento: “la mejor obra de Václav Havel fue su propia vida”

Václav Havel, un intelectual, no un político como muchos lo querían ver, un dramaturgo, un ensayista, un poeta, en definitiva un humanista. Había estudiado en colegios ingleses en la categoría de internado, también estudió teatro y trabajó en el, fue escenógrafo, ayudante de director y director. Conoció a Arthur Millar y poco a poco las obras de su autoría empezaron a ser representadas fuera de su país. Entre ellas, “Una fiesta en el jardín”, “No hay manera de concentrarse”, “La conspiración” y “La opera de cuatro cuartos”.

Había sido uno de los principales promotores de la llamada “Carta del 77” en la que demandaba al gobierno del presidente Gustáv Husák  el respeto de los derechos humanos de la población de conformidad con las obligaciones contraídas por Checoslovaquia en el Acta de Helsinki de 1975. Como consecuencia primero fue arrestado en su domicilio y después encarcelado. Estando preso en Hermanile, escribió “Cartas a Olga”, basado en misivas a su  primer esposa, Olga Splíchalova, con quien se había casado en 1964.

Ya en 1969 las autoridades checoslovacas pro- Unión Soviética, habían prohibido su obra, sus escritos era considerados subversivos, 20 años después en 1989 con la “Revolución de Terciopelo”, de la noche a la mañana grandes multitudes anticomunistas coreaban su nombre y el mundo lo vería convertirse en presidente de Checoslovaquia.

Decía que era más que nada un humanista, en un pasaje de las “Cartas a Olga” podemos apreciarlo: “el ser hechizado en mi interior y el que está presente en el mundo se pueden dar la mano en cualquier momento, en cualquier lugar, de cualquier manera:

cuando contemplo la copa de un árbol o cuando miro los ojos de otra persona, cuando consigo escribir una carta bonita, cuando me emociona una canción o cuando el fragmento de una lectura pone mis pensamientos en efervescencia, cuando ayudo a alguien o alguien me ayuda a mí, cuando ocurre algo importante o cuando no ocurre nada especial”.

“Esa necesidad nuestra irreprimible, de trascender los horizontes situacionales, de cuestionar, conocer, explorar, entender, buscar la esencia de las cosas, ¿qué otra cosa es esa necesidad sino otra de las formas de aquel anhelo interminable por recobrar la integridad perdida del ser, aquel anhelo del yo del regresar al ser?¿qué otra cosa es sino ese anhelo intrínseco de despertar al propio ser oculto, adormilado, dividido tantas veces y a través de él alcanzar aquella plenitud e integridad de la existencia que nuestra intuición nos permite vislumbrar”.

Y era obvio que ese profundo humanismo que lo caracterizaba iba a estar presente en su actuación política. En efecto, lo plasmó en su famoso discurso de año nuevo de 1990 en el que explicó su ideario político:

“Quizá se pregunten con que República sueño. Les contesto con una república independiente, libre, democrática, con una República que prosperará económicamente y a la vez será socialmente justa. En resumen, con una República humana que sirva al hombre y por eso tiene la esperanza de que también el hombre le servirá a ella. Con una República de hombres cultos, ya que sin ellos no sería posible resolver ni uno solo de nuestros problemas humanos, económicos, ecológicos, sociales y políticos”.

El escritor, forzado por las circunstancias a tomar las riendas del poder político, cuando años después le preguntaron sobre sus años como Jefe de Estado externo: “Fue mucho más un sufrimiento de lo que cualquiera crea y piense. En cierta manera fue un don. ¿A quién le sucede estar en medio de los acontecimientos que cambian la historia del mundo y tener incluso influencia en ellos?

Aunque tenía bien clara su relación escritor- político, veamos como planteaba la misma: “Escribir es una actividad solitaria en grado máximo y por eso no deja de ser un poco absurdo que me dedique a ella precisamente yo, una persona esencialmente social y hasta política (por supuesto que no quisiera que la política fuese mi profesión; lo digo en sentido de que me interesan los asuntos públicos, los asuntos de la polis = comunidad). En su tiempo el teatro me sedujo (entre otras cosas) porque de todas las disciplinas artísticas es la que tiene mayor potencial de convertirse en un fenómeno verdaderamente social”

En 1997 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades y en el 2004 fue propuesto para el Premio Nóbel de la Paz.
Seguía escribiendo; menos poesía y teatro, más ensayos y artículos periodísticos, nos  regalaba pensamientos como: “La verdad y el amor deben prevalecer sobre la mentira y el odio” ; “Si no se comparten e implantan unos valores y unas obligaciones morales, ni la ley, ni un gobierno democrático, ni una economía de mercado funcionarán correctamente”.

En 1990 Michel Bongiovani le realizó una entrevista para el Correo de la UNESCO. A 22 años de la misma. La respuesta a la pregunta ¿Cuáles son a su juicio los valores que el poder de los intelectuales deberían servir? es totalmente vigente ante las amenazas políticas, económicas y climatológicas entre otras que hoy se ciernen sobre el destino de la humanidad.

-En el umbral de un nuevo milenio, el bien más valioso que hay que defender, el que en todas partes debería recibir una aceptación máxima, es un conjunto de cualidades humanas, de valores fundamentales. Y, en primer lugar, la humildad. Muchos de los acontecimientos crueles que hemos vivido al fin de este milenio, como el hitlerismo, el estalinismo o, por ejemplo, los excesos de Pol Pot, son resultados del orgullo y la arrogancia de grupos y personas, de fanáticos o no, de ideólogos, de doctrinarios, de utopistas.

El orgullo de quienes creen saberlo todo y estiman que pueden decidir de todo. Cuando la realidad no se ajusta a sus teorías, terminan por imponerlas conduciéndonos directamente a los campos de concentración, a las masacres y a las guerras más atroces. Esta falta de humildad se advierte también fuera del campo estrictamente político. La base de la crisis ecológica del planeta es también el orgullo: el hombre impone su voluntad a la naturaleza, sin respetar sus leyes, sus secretos.

Podría seguir dando ejemplos… conservemos el sentido de la libertad, de la dignidad y la justicia. Y seamos más humildes.

                                           Lic. Washington Daniel Gorosito Pérez

NARRATIVA


Complicidad

Por Queta Navagómez.

Sabe que espero. Abre la ventana, descorre la cortina, coloca el disco de Tchaikovsky y al ritmo de la música inicia un baile dulce. Gira y salta con gracia mientras su amplia falda juega con el aire, dejando ver unas piernas fuertes y flexibles.
            En todo el edificio sólo yo sé que baila, fue casualidad: la ventana estaba abierta y miré. Ni me escandalicé ni anduve de chismosa, por eso ante mí se deja llevar por la música, ríe, vira, torsiona, dobla y extiende el cuerpo joven como si bailara en compañía. De puntitas,  va de  un  lado a  otro del  cuarto  abrazando a un hombre imaginario. Esa es su fantasía. Me da ternura ver cómo entrecierra los ojos y se deja conducir por alguien a quien no veo. Aprendí a respetar sus sentimientos a entender que quiere ser mujer total; amar entre la dulzura y el apasionamiento que crean las notas de un piano.
            Por medio del baile se libera, lanza al aire el secreto que yo atrapo y conservo, al final,  me tira besos a dos manos. Conmovida hasta las lágrimas,  le aplaudo mientras cierra la ventana. Nunca platicamos, si nos llegamos a encontrar en los pasillos me saluda: 
- ¿Cómo  está don Manuelito?
Y yo, siempre contesto:
- Muy bien, muy bien joven Horacio.




No me lo tomes a mal
César  Navagómez.

La minifalda a ti, palabra que no te queda, de verdad,  no te va. Luces como si pusieras un par de escobas detrás de un trapeador y pues en lugar de despertar el instinto provocas lástima. En serio; no me lo tomes a mal. Te lo digo sin rencores y sólo por esa amistad, que a pesar de tantas cosas conservamos.

Si estuvieras mas llenita y con las piernas mas torneadas. Bueno, ponle que las tuvieras como las tienes, ¡pero con otro color!, ese  tonito de pollo cosido que te cargas…, no te favorece en nada.

Y luego tu mal gusto. ¡Cómo se te ocurre ponerte medias transparente!, si yo fuera tú y tuviera esas patitas de gallina en apuros, me las ponía bien oscura o de plano y para no andar exhibiendo esas miserias  me ponía pantalón y punto; digo, una debe de quererse y respetarse…  ¿ no crees ?

Oh,  no te enojes! Después de todo me preocupas, porque la verdad ¡qué fachas! Y no, mira, entiendo que no tienes la culpa: naciste en un rancho mugroso…, y luego te criaste en ese vecindario horrible de la ciudad perdida a la que te atreves a llamar "colonia", y pues... el barrio… aunque no lo quieras… se te nota. Sé que haces esfuerzos, pero te hace falta el caché y la elegancia natural que solamente unas pocas tenemos.

Tú sabes,  una proviene de buena cuna y la distinción es algo que aunque modestamente quieras ocultar…,  pues sencillamente no se puede.

No no, no te estoy presumiendo ni saco a relucir nuestro asunto con Arturo eh, solamente digo lo que todo el mundo sabe y pues bueno, las clases sociales ya están establecidas y a alguuuunaaaaas les tocó ser de las najayotas y punto.

Además ¡cómo crees que te vas a ver bien de minifalda¡ Pues no en la escuela te decían "la garza", y cuando salías a Educación Física   - con tu short nadando sobre tus popotes-,  ¿no todos ladraban imitando a un perro hambriento?

No te creas si en la calle algún pelado te chulea tus míseras piernas, sólo te están choreando y tu bien idiotota que se los crees. No, si no hablo mal de tí, solamente lo digo para que te ubiques, para que no me hagas pasar vergüenzas;  porque a fin de cuentas tu y yo vamos juntas para todos lados, ¿ o no?

Lo que si no te perdono es que me hayas bajado al Arturo,  ¡mira que cambiarme por ti! Ahí sí que mostró el cobre,  bien se lo decía ,…  - tienes

la carne y te vas por los pellejos,  - que eres un pen…"

¿Por qué no aquilatas la gala que está en tus manos y te dejas de andar levantando hilachos ?...

 Oh, no te molestes, pues si eso era lo que yo le decía; pero a los hombres no hay quien los entienda, yo creo que tienen desarrollado un instinto como de coleccionista, y por eso les da la onda de andar juntando puras porquerías. Y ya ves, nada más nos enemistó, luego luego te botó por otra. Claro ¡pues si es lógico, contigo, con ese cuerpo, no tenía ni que agarrar!

Ya en serio, si insistes en ponerte la minifalda no esperes que te acompañe, ya me cansé de que toda la gente, al verte así vestida, comience a cuchichear que somos un par de pinches maricones descarados.

ENSAYO


Los espejos múltiples de Borges
Por Ramiro Rodríguez

Entrar en el universo literario de un escritor con el objeto de fragmentar los componentes del texto que produce, palparlos con la insolencia de la opinión subjetiva y emitir un juicio individual de acuerdo con la apreciación estética de quien entra sin permiso a una propiedad privada destinada al mundo, puede ser una aventura temeraria.
En los libros de Jorge Luis Borges (Argentina 1899–Suiza 1986) es más temeraria la aventura dada la complejidad retórica-estética de su obra. Durante el proceso deslumbrante de asimilación y escrutinio del libro de prosa y verso El hacedor (1960), me vi en la necesidad personal de continuar con un segundo libro de poesía, El otro, el mismo (1964) el cual, de igual manera que el anterior, me sedujo por su lenguaje y perfección estilística, por su limpieza en el texto y la concisión de la idea. No conforme con estos dos libros, los cuales ya habían despertado inquietudes críticas con referencia a algunos sistemas de imágenes, me vi sorprendido en las páginas poéticas de Elogio de la sombra (1969), el cual me convence —o me vence— para continuar con un último libro de poemas, El oro de los tigres (1972). Las cuatro obras son tan distintas en su propuesta poética como semejantes. Pareciera que me contradigo de contradicciones, que veo en el libro lo que no veo, que digo algo que nada dice. Habrá que leer para creer.
Ya había explorado la narrativa de Borges: algunos relatos incluidos en El Aleph (1949) y otros en Ficciones (1956) formaban parte de mi experiencia como lector de autores hispanos, mis favoritos.
Sin embargo, mis intereses personales y mi práctica más recurrente en cuanto a creación literaria me condujeron a la poesía. Borges tiene, al igual que otros poetas, reincidencia en algunas palabras; es decir, elementos de uso frecuente en las páginas de los cuatro libros inicialmente mencionados, tales como sombra, noche, laberinto, espada, tiempo, luna, reflejo, sueño, entre otros elementos.
Estas reflexiones giran en torno al espejo —o a los espejos, dicho de una manera más precisa: en la obra borgiana hay espejos múltiples por disímiles. El autor encuentra diversas simbologías en la figura común del espejo.
En El hacedor, Borges —o dicho mejor, la voz poética— habla no del espejo en su carácter singular, sino de los espejos:
“Yo que sentí el horror de los espejos
no sólo ante el cristal impenetrable
donde acaba y empieza, inhabitable,
un imposible espacio de reflejos” (192)
Por un lado, la aversión contundente y explícita hacia los espejos, como propósito firme de negar la imagen que se devuelve. Por otro, la representación visual del reflejo —ambas palabras relacionadas por su rima consonante en casi todos los poemas incluidos en los cuatro libros—, aquella multiplicación de imágenes tangibles que habitan el espacio real, la prolongación-repetición de personas y objetos del universo. En otras palabras, el espejo es la duplicación de las entidades reales. En el mismo poema dice:
“ese rostro que mira y es mirado” (192)
El espejo es el objeto que el ser humano ve y en el que se ve. El hombre se asoma al espejo y ve el reflejo de aquél que es: se concibe como elemento concreto que le da identidad y forma en el espacio que ocupa en el universo. Aquí la definición de la identidad juega un papel prominente. ¿Quiénes somos? ¿Qué materia milagrosa nos compone? ¿Hay algo más debajo de la piel que nos ilumine dentro de la iluminación? ¿De qué manera miramos y nos miran? Una serie de interrogantes que nos asaltan después de leer el fragmento anterior. Más adelante, en el mismo poema, la voz poética dice:
“Si entre las cuatro
paredes de la alcoba hay un espejo,
ya no estoy solo. Hay otro.” (193)
En esta declaración se afirma que no se está completamente solo, sino que hay alguien más en la habitación que concede compañía. Aun con el padecimiento de la ausencia física, hay presencia, y esta presencia se denuncia en la superficie plana del espejo. Aunque al inicio de este poema se declara el “horror de los espejos”, es posible observar que en el entorno físico la soledad no existe, que el reflejo devuelve la figura de aquél que acompaña nuestros pasos de manera permanente. En el espejo hay otro: la fiel repetición de un elemento real. Algo similar se presenta en otro poema, pero en éste la persona reflejada no es quien habla, sino alguien más:
“aquella otra dama del espejo” (195)
El espejo es el conducto, el canal de transportación visual, para encontrarse con la persona que se es. Tal vez, la persona que no se es. Es decir, otra. En el poema “Susana Soca”, la mujer se asoma al espejo y encuentra a otra que no es, pero que tiene semejanza con aquélla que se posiciona frente al cristal de la duplicación. El espejo no sólo devuelve la imagen de la persona que se mira en él, sino que puede devolver la imagen de otra persona distinta. En otro poema, el espejo no devuelve la imagen del mismo ni del otro, sino la imagen de nadie:
“Alabada sea la infinita
urdimbre de los efectos y de las causas
que antes de mostrarme el espejo
en que no veré a nadie o veré a otro
me concede esta pura contemplación” (217)
La contemplación es un estado de observación concreta y detenida donde quien contempla aprehende los elementos visibles del objeto contemplado. El espejo también simboliza la posibilidad de que alguien que es no sea: el espejo no muestra a nadie; y si muestra a alguien, muestra a otro, a alguien distinto, a una entidad destinada a la contemplación. El estado anímico de quien contempla, su experiencia de vida, el fracaso o la decepción, pueden ser causantes de la ausencia de identidad; inclusive, ausencia de cuerpo físico. La posibilidad radica en no ser o ser otro distinto al que se contempla en el reflejo. En otro poema, Borges vuelve a la duplicación:
“sobre esa piedra gris que se duplica
continuamente en el borroso espejo” (219)
El espejo es la representación viva de la duplicación, la prueba fehaciente de la repetición concreta de imágenes. Aunque en ciertos textos el espejo no devuelve el reflejo de nada ni de nadie, en otros devuelve la réplica exacta de aquél que se enfrenta a su superficie. El vocablo “borroso” declara, sin embargo, que la imagen devuelta no tiene la nitidez del elemento duplicado. En otras palabras, la identidad de las cosas y las personas se ubica en un punto intermedio entre la realidad y la irrealidad, el cuerpo y el no-cuerpo. En el siguiente fragmento, la réplica es fiel y exacta:
“¿Por qué duplicas, misterioso hermano,
el menor movimiento de mi mano? (510)
En el poema “Al espejo”, Borges lo personifica y reincide en la duplicación del elemento real con aquel elemento delineado en el reflejo, en la repetición de rostros y movimientos. La expresión “menor movimiento” alude a la nitidez reflejada, a la duplicación absoluta de aquel elemento que se ubica frente al espejo, en este caso la mano. En el siguiente texto, la voz poética dice:
“A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara” (221)
El espejo es también un detallado escaparate hacia otra dimensión que nos deja ver al otro yo que nos puebla, al alter ego. Aunque el espejo duplica el cuerpo de manera exacta, es posible que exista diferencia en pensamiento o en acción. En este fragmento, se establece una dualidad entre arte-hombre, paralelismo que —elementos, por naturaleza convergentes, pero distintos entre sí— puede mostrar la correspondencia entre un elemento y otro. Los seres humanos recurrimos al espejo con cierta frecuencia para encontrar las respuestas que desconocemos; en otras palabras, el espejo es una herramienta para conocernos y reconocernos, para construir un puente sólido de diálogo con nosotros mismos. También puede tener una función no deseada en ciertos momentos:
“En vano quiero distraerme del cuerpo
y del desvelo de un espejo incesante” (237)
El espejo puede ser un vigilante nocturno. En el insomnio que padece, el hombre ve al espejo sobre la pared como un constante persecutor, espía que persigue al hombre para enfrentarlo, conciencia que lo acecha como una manifestación estatuaria del alter ego. Mientras que puede ser una herramienta para establecer diálogo consigo mismo, otras veces puede ser compañía indeseada, no requerida, dado el estado anímico de la persona que padece insomnio. En otro poema encontramos:
“Para siempre cerraste alguna puerta
y hay un espejo que te aguarda en vano” (257)
En este fragmento, el espejo es el símbolo humano de quien aguarda el regreso de otro que nunca regresará, espacio vacío que espera la llegada de alguien que ya no es alguien, sino nadie. La ausencia de personas que antes fueron presencia, la soledad que nos queda después del despojo definitivo —llámesele ruptura, abandono o muer-te— se acentúa al momento de asomarnos al espejo y ver la soledad que nos acompaña de manera permanente como una sombra detrás de nosotros. Pero, ¿qué hay detrás de los espejos?:
“Como del otro lado del espejo
se entregó solitario a su complejo
destino de inventor de pesadillas” (290)
Al hacer alusión al reverso del espejo, la voz poética se refiere a la oscuridad que mancha todo son su ceguera crónica, a la soledad del individuo que es más individuo que nunca, al no-reflejo que simboliza ausencia, extinción, vacío. Mientras el espejo duplica imágenes, repite elementos (aunque en dirección opuesta), el lado posterior representa la contraparte de estos conceptos. Si en algunas ocasiones, el espejo devuelve soledad, el reverso no es otra cosa más que la soledad misma, la oscuridad permanente en la que se ahoga esa soledad. En otro texto, la voz poética dice:
“Los miles de reflejos
que entre los dos crepúsculos del día
tu rostro fue dejando en los espejos
y los que irá dejando todavía.” (305)
El espejo es aquí una ventana abierta a la perpetuidad, a la repetición infinita de los objetos y las personas que se reflejan en su superficie. Además, no sólo se habla de un reflejo, sino de múltiples, dada la evolución constante que dicta sobre las personas el tiempo. El transcurso paulatino de los momentos queda grabado en la superficie de los espejos. Lo avalan los rostros diversos que permanecen en la memoria de aquél que vio el reflejo de la imagen amada. Otro texto propone:
“ese reflejo
de sueños en el sueño de otro espejo” (308)
El juego de palabras es un recurso altamente ingenioso en este fragmento. Las palabras son materia dúctil que el poeta modela para crear y recrear conceptos e ideas, pretextos para reconocerse en su impacto lingüístico, movimientos sintácticos trazados con el propósito de presentar la singularidad del poema. El sueño es la manifestación intangible del subconsciente, la vibración temporal que se expande en el cerebro cuando el cuerpo descansa. El espejo no es sólo repetición, sino repetición de la repetición. En el espejo se muestra el reflejo del reflejo. En el siguiente fragmento, la voz poética dice:
“pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra
y que el día deforma en sus espejos” (318)
En el poema “El sueño”, incluido en El otro, el mismo, se habla de los espejos del día. Aquí el espejo se emparienta con la naturaleza de la luz, la luminosidad que llega con la aparición del sol. El día nos muestra una serie de reflejos que terminan con aquéllos creados por las sombras de la noche. La noche también reúne sus espejos. El ciclo día-noche donde ésta es vencida por la luz que llega con aquél. El sueño termina asimismo con la luminosidad de los espejos que se manifiestan durante el día. Luego, en otro poema incluido en el libro Elogio de la sombra, dice:
“creyéndolas de un hombre, no espejos
oscuros del Espíritu” (355)
El espejo abandona su luminosidad natural para representar con su oscuridad atípica la maldad del hombre. Se apagan los reflejos luminosos que se engendran con el día y quedan los reflejos oscuros que desembocan en la sombra. Los espejos oscuros designan conductas varias en el hombre: el recelo, la envidia, el odio, entre otros elementos relacionados con la maldad y otros vicios humanos. Los espejos oscuros existen, según la perspectiva del poeta, y éstos se relacionan con la conducta humana negativa. Más adelante, en el soneto “Ricardo Güiraldes”, el poeta dice:
“Como en el puro sueño de un espejo
(tú eres la realidad, yo su reflejo)” (366)
La voz poética habla de él —de Güiraldes— al principio del poema; y luego, con él, hacia el final. De este diálogo directo entre escritor-escritor, creado dentro del texto, Borges se presenta a sí mismo como el reflejo y relaciona a Güiraldes con el espejo. En otras palabras, Jorge Luis Borges exalta a Ricardo Güiraldes como paradigma para su desempeño literario. Muchos escritores hablan en su obra literaria de aquéllos a quienes admiran, aquéllos que de alguna u otra manera han influenciado las letras del escritor cronológicamente posterior. En otro poema dice:
“En este libro estás, que es el espejo
de cada rostro que sobre él se inclina” (374)
Aquí se relaciona al lector con el libro a través del paralelismo, al lector que —al leer— encuentra en las páginas a otras personas semejantes a él. Como un espejo, el libro presenta el rostro de aquél que lo lee. En un libro se presenta la visión individual del autor, pero es frecuente que el lector se identifique con las vivencias y visiones personales de otros. Ahí la universalidad del libro que se relaciona con el espejo. En otro poema se aprecia:
“El ilusorio ayer es un recinto
de figuras inmóviles de cera
o de reminiscencias literarias
que el tiempo irá perdiendo en sus espejos” (463)
Para Borges, el tiempo es una entidad llena de espejos, y cada uno de ellos, diversas etapas del pasado. En este poema, los espejos son los diversos rostros de las horas y los minutos. Acerca de ellos, es posible reflexionar en las etapas pretéritas de una vida humana. El tiempo tiene sus peldaños, sus eslabones, y en cada uno de ellos, se presentan rostros conocidos, miradas vistas alguna vez, cuerpos de personas que forman parte concreta de cierto punto en el pasado. Pero el ayer es ilusorio; poco a poco las imágenes se irán perdiendo en los espejos del tiempo. El poeta insiste en la propuesta de un libro anterior:
“El espejo que no repite a nadie
cuando la casa se ha quedado sola” (481)
Mientras que en algunos poemas el espejo es símbolo indiscutible de repetición, de duplicación de objetos y personas, en otros —como en el poema “Cosas” del libro El oro de los tigres— el espejo es la vaciedad, la no-repetición. Cuando la casa queda sola, sin cuerpos deambulando por los espacios disponibles, el espejo no tiene a nadie que repetir. Desde luego, están los objetos, pero en este caso particular la soledad infiere la ausencia de personas, no de objetos ni de mobiliario ni de colores. ¿Qué es un espejo que no refleja a las personas? ¿Qué, uno que no refleja el movimiento? Después, en otro poema, dice:
“El espejo inventivo de los sueños” (490)
El espejo es también un espacio en el cual se refleja el mundo enigmático de los sueños, esos paréntesis nocturnos de quietud donde el cuerpo muere durante un tercio del día. En su superficie (la del espejo) se refleja el cosmos que sólo puede ser concebido en las ventanas múltiples de los sueños. El sueño se inunda con los aromas y el vaho de la irrealidad, de los objetos y las personas no tangibles que abundan en burbujas creadas por el subconsciente. El sueño es un espejo creado por el subconsciente durante la muerte momentánea del hombre. La voz poética dice en otro texto:
“El rostro que el espejo le devuelve
guarda el aplomo que antes era suyo” (500)
Otra posibilidad en la simbología del espejo es una ventana de imágenes ilusorias que se le presentan al entendimiento humano. Cuando el hombre se acerca al espejo, la imagen devuelta puede ser una de tiempos pasados, de juventud ida y de instantes mejores. El hombre ve lo que quiere ver al asomarse al espejo, pero el espejo contribuye a presentar una imagen que no es, sino que fue; ahí la ilusión creada por el pensamiento del hombre y por la ilusión temporal de los espejos. En un texto más, la voz poética dice:
“Símbolo de una noche que fue mía,
sea tu vago espejo esta elegía” (513)
La vaguedad es símbolo de vaciedad, de desocupación. El adjetivo “vago” atribuido a la figura del espejo le adjudica una relación absoluta con la vacancia, con la ausencia dentro de la memoria, con la contraparte del recuerdo; es decir, el olvido. La vaguedad del espejo es una partícula diminuta de lo que ya no es, la sequedad que permanece en la quietud de una copa vacía. Aquí el espejo simboliza, no sólo lo que fue, sino lo que queda de lo que fue; es decir, la vaciedad.
En El hacedor; El otro, el mismo; Elogio de la sombra y El oro de los tigres, Jorge Luis Borges frecuenta la figura enigmática del espejo para simbolizar las múltiples connotaciones que presenta el objeto, los diversos significados que le atribuye desde su personal forma de entender la realidad caótica que lo circunda. Un mundo de simbolismo, de significados complejos que se concatenan con la percepción humana, sin duda, una manera efectiva de conocer más, no sólo al escritor que enaltece las letras hispanas, sino al hombre extraordinario que percibe y siente lo que tantos otros hombres.


Bibliografía
Borges, Jorge Luis. Obras completas II. EMECÉ Editores España, 1996.

ENTREVISTA


 a  Luis  G.  Abbadie.


Por  Alberto Neri.

¿Cuál   es   tu nombre,  completo  donde naciste?

Nací en Guadalajara, Jal., en 1968. Mi nombre es Luis G. Abbadie –y ahí dejémosle, el nombre legal es lo de menos, éste es el que vale. También  me conocen algunos por mi “nick” de internet, Wisdom Stone, que no elegí realmente sino que era sólo mi correo electrónico, y en los días en que participaba en los difuntos grupos de MSN, me empezaron a llamar así, sobre todo en foros de paganismo, por eso lo utilizo como seudónimo en ocasiones al hablar de estos temas.
  
¿Qué   es   Paganismo?

Hay tantas respuestas como paganas para esa pregunta. El Paganismo actual no tiene nada que ver con el uso popular de la palabra; el vulgo toma al pagano por alguien “carente de religión”, “inmoral”, “profano”; pero ven cambio, los que nos autodenominamos paganos –y definitivamente me incluyo- somos quienes nos ceñimos a una variedad de sendas espirituales y religiosas, dando nueva vida a la fe de los antiguos dioses precristianos de los pueblos europeos, mediterráneos y del Cercano Oriente: griegos, celtas, romanos, sajones, mesopotámicos, egipcios, etc. Esto engloba una inmensa variedad de perspectivas: panteísmo, politeísmo, y muchas variantes, todas ellas sin vínculo con las tradiciones bíblicas y, contrario a las preconcepciones, sólidos parámetros éticos y morales en estas creencias. Quizá lo único que podríamos decir que todos los paganos tenemos en común es la convicción de que la tierra que habitamos es algo sagrado, la naturaleza misma una manifestación de lo divino.

 ¿Por  qué  te gusta  escribir   historias de   terror?

Me parece que hay dos maneras de aproximarse al acto de escribir, en la literatura, el trabajo siempre es sistemático, eligiendo un tema y desarrollándolo (hay casos de “escribir lo que salga” pero suelen ser para textos breves), pero hay una gran diferencia entre ponerse un tema y el propósito de escribir cierto tipo de libro, con un tono realista, dramático, terrorífico, produciendo un trabajo competente y artificial, y el escribirlo de acuerdo a las sensibilidades personales, a través de un “filtro mental” que nos hace ver las cosas de cierta manera. Ese filtro, en mi caso, con frecuencia favorece al terror. ¿Por qué? Podría decir, escribo historias de terror porque me gusta leerlas; es la respuesta más directa y cierta. Pero creo que va más hondo que eso; un escritor de ficción honesto no escribe o deja de escribir una historia de terror por decisión; escribe lo que se le da, comienza un libro y éste adquiere el tono que sus propios matices creativos le brindarán por sí mismos.

El terror permite ahondar en la experiencia humana de una manera directa, confrontar justo aquello que confrontamos en la vida de manera directa y metafórica, permitiéndonos experimentar y reflexionar, claro que sin las consecuencias precarias del encuentro real con la adversidad, el miedo y el dolor, pero sí con tal profundidad que a veces, la lectura de una obra del género puede cambiarnos sutilmente, modificar nuestra perspectiva, inspirar un insight –prepararnos mejor para enfrentar los miedos que se presentan en nuestra vida y que no se irán al cerrar el libro.

Quien dice “no tengo por qué estar exponiéndome a esto sin razón” y deja de lado una novela de terror porque le provocó angustia o miedo, sencillamente no ha podido enfrentar el hecho de que un libro así únicamente despierta los miedos y angustias que ya están presentes en su experiencia personal, y en lugar de encararlos y superarlos con ayuda de la ficción, elije evadirlos… lo que significa que en su experiencia de vida, estará aun menos preparado para confrontarlos cuando se presenten.
En cambio, para quienes gustamos de esta forma de literatura, es un verdadero deleite el abrirnos a todas las formas de experiencia humana, ya que lo terrible enriquece la existencia a su manera; si acabamos apreciando tanto al protagonista de un libro, es porque la adversidad que enfrenta nos orilla a identificarnos y también a preocuparnos por él; la ansiedad que produce el que enfrente peligros, hace más valiosos y recompensantes sus logros y satisfacciones –y cuando el final no es feliz, pues la literatura no se limita sólo a lo bello –aun el dolor se sublima en tragedia, un lujo que rara vez nos permite la crudeza de la experiencia vital.

 ¿De  qué trata  el código  secreto del Necronomicon?

La historia comienza con unos manuscritos del difunto artista plástico y esoterista Juan Kraeppellin, que llegan a mis manos; éstos contienen capítulos hasta ahora inéditos del Necronomicón de Abdul Alhazred. Allí comienza una búsqueda del libro original, rastreando su llegada a México, y hasta las manos de Kraeppellin; en el proceso surgen episodios históricos y legendarios de la ciudad de Guadalajara: las hazañas de “Raffles” el ladrón elegante, que pasó sus últimos días en nuestra ciudad y que a muchos nos narró entusiasta sus antiguas aventuras; sor Angélica, la monja poeta y hereje que victimó la Inquisición y que se dice que todavía ronda como fantasma el Exconvento del Carmen; los túneles que se extienden bajo la Catedral; los crímenes del asesino serial llamado “el Mataindigentes”; así como la presencia de personajes y grupos diversos que se interesan en el Necronomicón por diversas razones: la orden del Vampiro, una sombría organización esotérica; grupos de New Age y contactismo, que buscan la conexión entre el Necronomicón y las predicciones para lo que llaman la “conexión 11:11 y 12:12” y la “nueva era” que dicen inaugura el año 2012. También se encuentra en este libro una entrevista realizada al contactado Jonathan Reed, y una descripción del programa de TV canadiense donde mostró el funcionamiento de su brazalete teletransportador de aparente origen alienígena.

Todos estos elementos se entretejen, como telón de fondo para presentar una perspectiva completamente distinta de todo ese mundo esotérico New Age que gira en torno a la intervención alienígena, los ciclos cósmicos y las profecías ahora inminentes.

Hay quienes al ver semejante lista de temas “extravagantes” dirá, “eso para qué”; una lástima que haya personas tan limitadas en su perspectiva, pero así es. No se trata de creer en todo esto, y yo mismo pongo en tela de juicio muchas cosas, mientras que no es ningún secreto que también comparto ideas que para los escépticos pueden ser igual de extrañas; pero lo importante para el lector que mira desde fuera este mundo de conceptos paranormales, sería que reales o no, éstos conforman las creencias de miles, quizá millones, de personas en el mundo entero, al grado de que esto determina su forma de vivir en el mundo y la sociedad. Como lo he dicho más de una vez en mi obra, una creencia no necesita ser real para ser un factor real en la experiencia humana.

En este libro no me pongo en la posición escéptica radical, ni tampoco en la del creyente devoto en la “conexión 2012”, sino que asumo una tercera postura, ofreciendo un ángulo distinto que permite tomar en cuenta aspectos que sé bien que los interesados en el tema rara vez contemplan; toda creencia firme es un filtro selectivo, y por ello presento información y enfoques que incluso muchos que estudian el tema encontrarán novedosos, no porque lo sean, sino porque no estoy utilizando la misma lente que ellos.

Para los interesados en los Mitos de Cthulhu y el Necronomicón, también están incluidos los capítulos inéditos del Necronomicón que arrojan nueva luz sobre los Mitos y que complementan las diversas ediciones ahora existentes del libro con símbolos y textos que éstas mencionan pero nunca se habían publicado.


¿Cuántos   libros  tienes  publicados,  menciónalos?

El último relato de Ambrose Bierce (Plenilunio, 1995) –éste fue un plaquette que muchas personas me han dicho que debería volver a publicar de nuevo; de hecho se encuentra reeditado, en forma corregida y expandida, como parte del siguiente libro:
El grito de la máscara (Minerva, 1998) –una segunda edición se encuentra en Lulu.com, de nuevo con el título El último relato de Ambrose Bierce. Este libro contiene
El Necronómicon: Un comentario (La Otra Orilla, 2000) –una versión actualizada de este libro es mi única obra que he sacrificado al formato digital, y se encuentra en la web Barnes & Noble bajo el título: Necronomicon – Historia secreta de un libro maldito (bajo el sello Bad Koala Books).
Códice Otarolense (Euterpe, 2002; escrito con el Apoyo a Jóvenes Creadores del CECA, 1999-2000), este fue mi trabajo más ambicioso en mucho tiempo, una reconstrucción de la cosmovisión prehispánica, con el subtítulo Sumario de la historia de la formación del mundo y de los dioses y diablos de la Nueva España, con una exposición de las hechicerías y alabanzas de los indios naturales de esta tierra, hecho y recopilado por Fray Guillermo de Otarola y Guzmán, de la orden de San Francisco, en el mes de Agosto del año de 1548, para el muy reverendísimo Señor Don Fray juan de Zumárraga, obispo de la muy leal y gran Ciudad de México.
El sendero de los Brujos (Veglia, 2004), un texto dedicado a quien desee profundizar en la Wicca, inspirado por algunas experiencias durante el primer Encuentro Nacional Wicca-Pagano, en 2003 en Malinalco.
            Noches paganas: Cuentos narrados junto  al fuego del sabbath (Veglia, 2008), una colección de relatos basados en la tradición y folklore de la brujería escocesa.
2012: El código secreto del Necronomicón (Rémora, 2010, 2011)


¿Cómo  surge  la idea  de personajes  con nombres;  qué   no son  comunes?

Creo que la respuesta más clara la dio H.P. Lovecraft, uno de los iniciadores de este hábito. Según él explicaba, muchos de estos nombres
“están diseñados para sugerir –ya sea muy de cerca o remotamente- ciertos nombres en la historia o folklore verdaderos a los cuales se vinculan asociaciones extrañas o siniestras. De esta manera ‘Yuggoth’ tiene una especie de molde arábigo o hebraico, para sugerir ciertas palabras transmitidas desde la antigüedad en las fórmulas mágicas contenidas en manuscritos moros y judíos. Otros nombres sintéticos como ‘Nug’ y ‘Yeb’ sugieren el tono obscuro y misterioso del folklore tártaro o tibetano”. Así lo hacía Lord Dunsany, y Lovecraft seguía sus pasos; pero también tenía un método propio, que utilizaba “ para urdir nombres no humanos, como los de las localidades y habitantes de otros planetas. Está muy claro (aunque la mayoría de los escritores no se percatan de ello) que el lenguaje que se supone que sea usado por seres no terrestres –sin órganos vocales humanos y sin conocimiento de las tradiciones terrestres- no debería semejarse de ninguna manera al habla humana. Los sonidos no deberían seguir ningún patrón de lenguaje humano, y no deberían ser de ningún modo derivados de –o adaptados a- el equipo de pronunciación humana. En otras palabras, el diseño entero debería ser ajeno a tanto las ideas como la lengua de la humanidad “.

Gran parte de los nombres utilizados en mi libro proceden de los Mitos de Lovecraft, mejor conocidos como Mitos de Cthulhu, aunque también los hay de orígenes en las doctrinas esotéricas y culturas antiguas.

No es raro que varios personajes que no son sino personas reales tengan a su vez nombres extraños, como Juan Kraeppellin –como lector de Lovecraft y practicante de la Gnosis del Necronomicón, estaba más que familiarizado con lo que he citado; él mismo asumió este nombre para su identidad pública, según decía en recuerdo a un filósofo que no se sabe si haya existido. “Raffles” el ladrón es un seudónimo también, Vicente Hernández Alexandre fue nombrado así por la prensa debido a que sus hazañas como ladrón emulaban las del ficticio ladrón Raffles, un personaje de las novelas pulp europeas. De haber vivido unas décadas más tarde, el público mexicano probablemente le habría llamado “Fantomas”.

¿Para  ti   explícame  que es el oscurantismo?

En el Medievo, la humanidad tocó fondo en cuanto a estancamiento en su progreso como especie y civilización. Regímenes de castas impositivas mantenían sometidas a las masas, una Iglesia teocrática y acaparadora imponía un yugo letal sobre toda Europa; el conocimiento, el saber, la libertad, eran proscritos. Este yugo religioso se evidencia de mil maneras: toda práctica ética, mística y religiosa, e incluso estudio de cualquier tipo, que no fuese sancionado por la Iglesia, era considerado una práctica satánica y castigable con prisión, azotes, incluso con la horca y la hoguera; toda búsqueda de sabiduría se declaró “inducida por los demonios”, y no es casualidad que la misma palabra “demonio” surja del griego “daimon” que significa “un ser sabio”. Los hombres y mujeres sabios, porque (según algunas versiones) eso significa la palabra sajona Witcha (brujo o bruja), eran considerados seres perversos en contubernio con Satanás. El derecho de pernada era la ley, y las mujeres carecían de derechos; paradójicamente, la sexualidad era sinónimo de impureza y pecado. Galileo y Giordano Bruno fueron enjuiciados por plantear una astronomía que no se basara en el geocentrismo absoluto.

Pero el oscurantismo no ha muerto; los prejuicios no desaparecen fácilmente. En la actualidad hay intolerancia, hay prejuicios, hay regímenes religiosos y laicos que recurren a métodos represivos. A pesar de los valores constitucionales en nuestro país, la ignorancia humana ha hecho que ésta sea una de las pocas naciones donde hombres y mujeres han muerto por linchamiento en  años recientes, acusados del “crimen” de brujería. Hay familias necias que pretenden vivir en un sistema de castas y marginan y desprecian a los mestizos, morenos o indígenas, o incluso a los que simplemente son de familia humilde. Todo eso es oscurantismo.

Me sigo preguntando el porqué de la pregunta; quizá la manera en que esto se vincula con mi obra y mi persona es que todas estas cosas son justamente a las que me opongo. Escribo acerca del horror, y no hay horror más grande que la ignorancia, y lo que sucede cuando ésta adquiere el poder en una sociedad. Escribo acerca de las religiones politeístas, europeas y mesoamericanas, todas aquellas que el oscurantismo religioso, ése que sólo es posible cuando un credo cualquiera se proclama a sí mismo “única religión verdadera”, ha intentado por dos milenios –y sin éxito, a pesar de las apariencias- suprimir. Escribo acerca de la brujería, y las brujas y brujos son los disidentes por excelencia, aquellos que no se arredran ante la prohibición y preservan el “saber prohibido”; aquellos que no ven en la sexualidad pecado sino sacralidad, ni en el placer mero hedonismo sino un rito de honor a lo divino; aquellos que luchan todos los días por legitimar sus derechos sociales cuando hace apenas cien años se veían obligados a resguardarse en la clandestinidad; aquellos que se oponen a todo yugo y representan, por su naturaleza misma, la libertad.


¿Qué   opinas   de  los  vampiros?

Me quedo con el mito original y obras ya clásicas de literatura y cine que se han inspirado en él. Por desgracia, es un mito bastante limitado, y soy de la opinión de que su potencial narrativo fue agotado por Stephen King en su homenaje a Bram Stoker, la novela El misterio de ‘Salem’s Lot (y vaya todo mi desdén por cualquier lector que pretenda conocer dicha obra sólo por haber visto cualquiera de las dos adaptaciones fílmicas). El vampiro estilo King reapareció, quizá por última vez, en la comedia Los muchachos perdidos, su canto de cisne; a partir de allí, Anne Rice, Mario Cruz y otros autores han escrito muchos libros con “vampiro” en el título, pero ya no se trata del vampiro original, han tenido que recrearlo, que imaginar un nuevo mito para poder contar cosas nuevas. Y de Stephanie Meyer y sus vampiros con glitter sólo diré que estoy de acuerdo con Stephen King, Caitlín R. Kiernan y muchos otros: eso ni siquiera es literatura. En fin, el vampiro moderno es otra cosa, y yo me quedo con el clásico, de todas maneras nunca me ha interesado mucho, es un personaje obligado del mundo del horror pero también, paradójicamente, uno de los que encuentro menos impactantes. Para mí, el vampiro siempre será aquel ser decadente que se aferra a un simulacro de vida, un parásito nocturno, experimentando y produciendo agonía.


¿Hablas  en  tu   Novela,  sobre  las  hadas,   que  significan  para  ti?

Estos seres son descritos en las tradiciones como habitantes de reinos intermedios, cuya morada se encuentra “bajo las colinas”. Criaturas de naturaleza muy diversa, más próximas que nosotros al ámbito del espíritu, vinculadas a la fuerza sagrada o divina inmanente en el suelo bajo nuestros pies, a la Tierra viviente de la cual todos los seres formamos parte. Hay numerosos intentos de explicar lo que son las hadas y otros seres feéricos, definiéndolos como ángeles que se abstuvieron de tomar partido en la batalla de los ángeles rebeldes contra el cielo, o bien  reduciéndolos a espíritus elementales, algo que contradice descaradamente todo lo que siempre se ha sabido de las hadas; yo no comparto estas explicaciones, me parece que por su naturaleza ambigua, se pueden explicar mejor las hadas por aquello que no son. Porque no se encuentran habitando el mismo espacio que nosotros, no corre para ellas el tiempo como lo hace en nuestro mundo, incluso su proceso racional no sigue nuestros parámetros –basta ver el folklore británico, escocés e irlandés para notarlo-; son algo muy ajeno a nosotros, sin embargo tan cercano. Además, no falta ese matiz siniestro que las vuelve tan fascinantes; el hada toda amor y colores pastel pertenece en las películas de Disney, el hada original es bella pero terrible, y es con cautela y temor que los campesinos la mencionan, y le rinden sus respetos. El hada es ambivalente, como habitante de mundos intermedios que es, y también es un atisbo de lo sagrado que subyace en la Naturaleza misma.



¿En  tu  Novela   describes   la  raza Kthanid,  háblame  de  ella?

La respuesta es algo compleja pues sin el debido contexto no tendría mucho sentido. Todo se remonta a August Derleth; este autor y editor de la Arkham House no sólo llevó al público masivo la obra de H.P. Lovecraft, además difundió mucho una supuesta cita de Lovecraft que dice “Todas mis historias, por inconexas que parezcan, están basadas en la tradición o leyenda fundamental de que este mundo fue habitado en otro tiempo por otra raza que, al practicar la magia negra, perdió su dominio y fue expulsada, sin embargo continúa viviendo en el exterior siempre lista para tomar posesión de esta Tierra una vez más”.

Esta frase es falsa; Harold Farnese, quien se escribió unas cuantas veces con Lovecraft, citaba de memoria a éste al escribir a August Derleth, y en esta cita más bien refleja la idiosincrasia del propio Farnese. Derleth se identificó con esta frase y desarrolló su propia versión de la mitología de Lovecraft; sus Mitos de Cthulhu se basan en un dualismo extremo, donde Cthulhu y los Grandes Primordiales son un panteón de “seres malignos” que fueron derrotados y expulsados por los “benévolos” Dioses Arquetípicos, creados por Derleth. Mientras que la concepción original de Lovecraft era que los Primordiales eran seres vastos e incomprensibles, producto de una evolución ajena a la nuestra o bien manifestaciones de fuerzas cósmicas o extracósmicas, que entraron en un letargo no por haber sido “vencidos” por supuestos enemigos, sino como parte de ciclos naturales propios de su existencia.

A pesar de esto, Derleth puso la cita apócrifa en todas las ediciones de Lovecraft y ésta se difundió mucho. Entre los numerosos escritores que han aportado a los Mitos de Cthulhu con nuevas obras, está Brian Lumley. Éste escribió el ciclo de novelas de Titus Crow, donde presenta su versión de los Dioses Arquetípicos de una manera demasiado humanizada, que parecen más alienígenas de Edgar Rice Burroughs que seres cósmicos o divinos propios del cosmos lovecraftiano, lo que ha escandalizado a muchos lectores puristas. Kthanid es uno de los principales Arquetípicos creados por Lumley. En lo personal, también detesto estas obras de Lumley, aunque tiene otras historias que me agradan. Al trabajar en mi libro, noté que había muchos paralelismos entre los Arquetípicos en la versión de Lumley y los Pleyadianos de las doctrinas modernas de la New Age, y quise analizarlos; sin embargo, Lumley se distingue por haber solicitado que ningún  otro autor utilice a sus personajes o creaciones sin su permiso previo, a diferencia de otros autores de los Mitos que han aportado libremente sus creaciones al universo compartido de los Mitos de Cthulhu. Aunque Lumley suele ser muy accesible para esto, me di cuenta que en última instancia sólo quería comentar algunos aspectos de sus creaciones, y no integrarlos a mi historia, de manera que en lugar de escribirle, opté por sencillamente dejar que mis personajes discutieran las obras de Lumley como tales, a Kthanid como un personaje citado por Lumley en sus libros, en lugar de integrar a Kthanid en mi historia directamente. Si, cuando escriba la secuela que tengo planeada, encuentro que es necesario replantearme la inclusión de Kthanid, entonces por supuesto que buscaré la venia de Lumley, y será de otra manera.


¿Qué  es   un demonio,  para  Luís  Abbadie?

Pienso que esta palabra no se refiere a una sino a varias cosas. Ciertamente no significa nada para mí la idea de “ángeles caídos”, pero un demonio puede ser tan buena palabra como cualquiera para referirse a entes espirituales caóticos, destructivos y voraces, de esos que se dice que se alimentan con el dolor, el odio, el miedo y cualquier emoción negativa, y a los que se atribuyen algunos casos de posesión.

En otro sentido, en el contexto de la Qabala, un demonio es una fuerza o entidad, no siempre caótica, pero sí algo “oscura”, que se contrapone a los resplandores o potencias angélicas no en oposición, sino en equilibrio y complemento. Esta versión es algo muy abstracto y complejo para sintetizar; baste decir que no estoy hablando de ninguna polaridad moral de “bien y mal”, sino de aspectos complementarios de la naturaleza.

 ¿Cuáles   son tus  autores   favoritos,  de la ciencia  ficción?

Esta es fácil –claro, presupongo que se trata de literatura fantástica en general: Arthur Machen,  H.P. Lovecraft, Stephen King, Robert Aickman, Poppy Z. Brite (¡no le digan que le etiqueto como autora de género o sacará la escopeta!), T.E.D. Klein, Warren Ellis, William Hope Hodgson, Ramsey Campbell, Ray Bradbury, Lord Dunsany, Mark Z. Danielevski, Michael Ende, Robert E. Howard, Clark Ashton Smith, Robert Anton Wilson…

¿Tienes   planeado, actualmente  otro libro, que sigue  para   Luis?

Más de uno, de hecho.

El tema de mi último libro no está agotado; en el momento de decir esto, faltan días para el anunciado 11:11:11, y el año 2012 ya se aproxima. ¿Qué harán las personas que buscan alinearse y conectarse con lo que describen como una corriente energética, una frecuencia vibracional? ¿Tienen una idea real de lo que esto conlleva? Los proponentes del 2012 suelen enfatizar que no se trata de entender, ni de razonar, sino de creer y tener fe y seguir aquello que se siente bien, encomendándose a sus ángeles y guías. La historia humana nos demuestra que incluso para quienes han seguido las filosofías más enaltecedoras y benéficas, caminar con los ojos cerrados hace que muchos pierdan pie y caigan al abismo. Por eso es que los gurúes de sectas destructivas se caracterizan por una recomendación por encima de todo: cree y no cuestiones, sigue tu corazón, no escuches versiones distintas a la nuestra, y nada malo pasará. Es decir, sé víctima perfecta para el abuso. El tema del 2012 está sien do manejado de manera muy amplia y por grupos e individuos ajenos a toda secta, pero muchos de sus propulsores utilizan este mismo argumento sin ser conscientes de que quien cierra los ojos choca contra el árbol. Esto es lo que he querido decir en mi libro. Pero ahora veremos lo que va a ocurrir, para bien y para mal. Ya se está viendo, de hecho. Y este es el tema de ese futuro libro.

Por otra parte, estoy trabajando en más de un libro con los temas de la brujería escocesa y el paganismo en general; la “brujería tradicional” se ha vuelto, como todas las cosas que llegan a los medios, una “moda”; sin embargo, esto vuelve aun más necesario hacer accesible material más fundamentado para quienes buscan abrevar de ello. Es un ámbito muy polémico; no existe una versión “buena” o “correcta” de las cosas debido al carácter muy personal de la praxis de cada brujo o bruja; aun así, no hay libro del tema que no caiga en una polarización y sea violentamente rechazado por unos y acogido por otros. Esto parece inevitable, y ha disuadido a varios autores potencialmente valiosos de publicar. ¡Pero yo nunca he sido prudente! Por una parte, continúo escribiendo ficciones basadas en la brujería, como hice en Noches paganas, pues yo considero que la ficción es un medio más eficaz para transmitir las ideas, métodos y conceptos brujeriles que ningún “manual práctico”; por otro, estoy trabajando en escribir textos más sistemáticos al respecto –algo que a veces me parece lucha perdida, ya que es un tema tan ambiguo que resiste a toda clasificación, a pesar de lo cual, más de un libro saldrá de aquí. Me han señalado que el material que tengo en El grimorio de Black John (black-john.webs.com/) otros lo habrían utilizado para armar un libro en lugar de ponerlo libremente al alcance de todos. A mi me parece que el material disponible, sobre todo en español, es tan escaso, que mucho más que eso debería volverse accesible; sí habrá más libros, y en ellos profundizaré un poco más.

IGUANAZUL

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