MAURIZIO MEDO

PROEMIO: IMAGO’S

MCMXCII


Todas las muertes están en ese cuerpo

LUIS FERNANDO CHUECA





Todas las muertes están en ese cuerpo
tatuadas con azufre o alcanfor Corren
ciegas por sus pálpitos de piel de ahí
entre las fisuras y crecen mientras va
el joven Plinio hacia el balcón
( y no lo advierte)

Su ciudad es Lima, 1992 No Pompeya
La perpleja criatura construyó otro país
fuera de hora y, azogado ante un retrato
llora por Turín                             1945:

 en la plaza humean los obuses
Negra el sol sobre la carne hasta caer
piélago de sangre Grita su madre
ante la muerte come un vecchio
rimorso Ella tiene apenas 8
(e troppo piccola)
para ver cómo ahorcan a ese hombre
de crespón sobre la viga

Pudo ser su padre al improviso
E troppo piccola demasiado
para morir, rosa ferita

Lucía la arranca (dove si è sparso
il sangue) y con ella entre los brazos
(e ancora la morte) se abre paso muerto
entre turbas de cadáveres

La mamma piange
¡Figlio figlio¡ —grita

Él nunca supo cómo
responder a su llamado
MCMXCIII


Papá se ha muerto

La realidad obra otra semántica:

Familia es diáspora

Hogar ausencia
y utopía el pasado (al jarrón de zhengtong
se le dice embargo)

De pronto ve clausurar faustos salones

(Aprende: padre es fantasma)

Donde hubo juegos, candados

Toda su niñez, muda frágil
en cartones

Solo que él ya es un anciano
MCMCV 



El hombre es sus recuerdos - le habría dicho
el padre 
pero estos insisten asalto comiéndole
cada miga al corazón  La poesía llega poco 
¿quién dijo? Pero desde el futuro (por una vía
antípoda a la esperanza) Entre los diablos
su sombra por la casa  ¿quién?
Nada más diría papá Solo, y con risa Nausica
“Vuelve a casa”

Pero este Ulises extravió la senda donde


nunca hubo regreso


AMANUENSES
      Do not move
Let the wind speak
   that is paradise.
Let the Gods forgive what I
                have made
Let those I love try to forgive
           what I have made.
       EZRA LOOMIS POUND
1.
Del conjuro de los viejos amanuenses
heredamos estos fósiles: un chancho,
un perro y la ballena. Del arca, el mascarón
de proa y cientos de astillas del bauprés.

Heredamos la alucinación de estar al pie
del extramuro, ansiosos por volver
de la locura y medir los metros que
perdió el poema en la realidad.

Abajo, sus fantasmas, cautivos en escolios,
no ven el esfuerzo de la Miss por aprender
al detalle, en qué sala el grito bautismal
A qué edad la extremaunción
Si hubo ahí o no…

—¿Fatalidad es con mayúsculas?

—¿Dijo Ud. extrema..., qué?

—¿Bautismal con v o b?

Los niños tampoco ven.


2.
Ella alucina con Vallejo
en rúbea desolación.

Atrás Eielson azul, erídano
en el crepúsculo de Adán.

Los niños, entre cartularios y añalejos,
preguntan qué hay de poesía entre
las piezas del museo: la piedra alada
y un círculo de huesos son representaciones.

No las cosas que debimos heredar.

De los viejos amanuenses, a duras penas
lecciones de poesía, aprendidas
para el examen bimestral.


3.
Dejémosla alelada con la trama:
Aromas noctívagos de absenta
revelan la imagen de una rosa
que seda en creciente encarnación
(música el funk improvisado del flanneur)

En perfecto claroscuro el piano
cimbra un tango (que rampa
inguinal por las sombras del bulín)

En otra altura la musa rumba ciega
ante el denuedo de quien escorza
un pálpito de amor contra su piel.

Más allá los poetas hipan rimas contumaces
& el deseo cuaja salival en alquiler.


4.

“Dolosa heredad” es una impronta del capítulo final.
Ahora ella lee aquel de la bohemia como un limbo infatuante
entre el véspero y un agraz amanecer. Pero, insiste:

—Colónidas con tilde.

Los niños copian coma aquí, apóstrofe allá, mientras ríen
de bizarras fotos retocadas: líridas en poses baladí (como si
modelaran entre piezas de murano,
flores muertas y tatamis) y sus poemas, satinados
en páginas de gloria, la misma que fuérales
negada de raíz.
Pero ella busca con qué hacer soñar los pizarrones
(y con vanos leitmotivs para el taller)


ALCABALAS Y ÓRBITAS

1.

Poesía se está callada, lejos, en una órbita
lejana al pago de alcabalas.

Los poetas huyen del fisco y le respiran boca a boca.

“Morosidad”, pudo llamarse la novela. Hay deudas.
Pero también un venéreo desliz.

En la vanguardia la salivita homosexual.
Luego el free pass, babel de carne.
También manicomios y camales,
émulos del diadoco Caín.

Traición donde el placer.

—¿Tradición o traición?

2.

La novelita es una sucesión infinita de traiciones.

— Oh panteón de panteones ¿qué dice la novela sino
repetir qué hiciste con tu hermano?

Anécdotas y chismes escritos en puro anacoluto,
que, leídos con decoro e impostación, pasan
por mártires a turbas de infames.

La novela es también una jerarquía histórica,
—la conversión de lo cotidiano en mito—

Una construcción sociopolítica que transforma
en mérito el delito. Poesía, afuera, la voz primera,
luego el poema, el orfeón,
el poema, el orfeón...
Y el eco de los símbolos que pusimos
en boca de los muertos, como ellos
en las de quienes murieron antes
para engendrar esta ficción.




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