I LOVE PUTO DANDY
El nombre de mi blog es: I love puto dandy
Solo
es cosa de no tenerles miedo a las palomas que llegan a la página luminosa y
virtual
Esas
palomas que bajo su ala se les acumulan
rocas lustrosas en vez de plumas
¿Cuál
es el parámetro de una buena paloma mensajera?
Ayer
he leído poesía argentina dónde la importancia del “re” antes de cada palabra
transmitía en sí el mensaje. Yo por
ejemplo he tenido más de 100 likes cuando redacto cartas en el feis a un
extraterrestre que aún no conozco. He nacido dentro de una estelita de luz que
llaman generación x; las palomas con piedras lustrosas bajo el ala arrullaron mi infancia. Jaime Mausan
me lleno del misticismo ausente en la estelita en la que viajo. I love puto
dandy también es mi contraseña para entrar al feis y para el Instagram
y para el Grindr. I love puto dandy
es mi contraseña para todo. Cuando recibo a las palomas con piedras bajo sus
alas en mi blog, lo primerito que hago es darles de beber cerveza artesanal, y
así las distraigo para poder quitarles la piedra (que a veces no es lustrosa)
Las baño y procuro hacerles sonreír para que se olviden del mensaje y no se
sientan comprometidas; las palomas ya borrachas terminan vomitándolo. A mí me
gusta mirarlas de esa manera; tengo un lugar lleno de fotografías justo en el momento de vaciarse. A veces pienso que mi estelita en la que
viajo es un momento en el momento del vacío. He llegado a encariñarme tanto con
las piedras, que ahora ya no recibo palomas sin ellas.
DE LA PERRADA GAYSUNA

Hacemos la tesis de la teoría Queer aplicada a los platillos de autor.
Nos cortamos el cabello en barberías.
Tenemos posters de cortes ochenteros en el baño y a Mikey le prendemos la veladora después del peyotazo en wirikuta.
Nos hemos cambiado tres veces de casa, de la San Rafa a la Buenos Aires y de la Buenos Aires a la Roma, es como llegar a Ítaca. Nuestro Cavafis es Nick Cave.
Hablamos mal de las películas de Xavier Dollan, pero todos traemos su mismo corte de cabello. Vamos a los saunas los domingos por la mañana y tenemos novios españoles; la movida madrileña es nuestro manifiesto.
Inhalamos cocaína en espejitos de Hello Kitty y nuestras relaciones con nuestros semejantes se sostienen gracias a las rebajas del Inditex.
Ahora intervenimos las portadas de Joy Division y las hacemos Stickers; los pegamos en los saunas y después nos sacamos la Selfie.
Nuestra persona es un concepto.
Modelamos en los pasillos de la Lagunilla los domingos por unas Caguamitas y dos que tres inhaladitas de cristo padre...
María Daniela y su sonido lasser nos parió en una noche, así como la Cuatlicue parió a Huitzilopochtli, nomás que en vez de una pluma de Quetzal a Danielita se le metió un tuvito de neon...
A la diosa Ishtar le volvimos a construir un templesito que le llamamos Starbuks...
DEL BUDA NOVALIS Y MALLARMÉ
Novalis
y Mallarmé siempre van conmigo en la cajita que me dieron para guardar mis
píldoras, me los cuelgo al cuello y luego simplemente los dejo que se entibien
al empezar la noche; soy tan incrédulo que me es imposible escribir la palabra
estrella sobre un papel; hablar de la soledad me da tanta risa como una noche
de atascón de LSD.
A
veces, imagino al buda para poder escurrirme del insomnio. Las tazas de café y
de té las procuro antes de las 12 del día, pero sucede que la acumulación de
LSD en mis vertebras y mis discos lumbares hacen que concilie el sueño justo a
las 12 del día; tal vez por eso NO pienso en las estrellas ni en la soledad que
producen éstas a la retina cuándo las miras. Mirarlas es una manera de recordar
al recuerdo, son cómo fotografías tomadas y eso al buda no le gusta, el buda dice cosas muy extrañas: dice por
ejemplo, “nada existe” y también dice
que el recuerdo es el futuro. ¿Qué diría el Buda de Mallarmé y de Novalis? Veo
al Buda dándoles de nalgadas y reprendiéndolos por aferrarse a la noche, a las estrellas.
He llegado a mirar a los gatos mirar la noche, he mirado a los gatos mirar la
vacuidad de las cosas; miran a la noche sin que sea la noche y a la luz del
estambre como a la noche. Buda dice que debemos de mirar la vacuidad en la
estrella, en la noche y en el estambre. Veo al Buda yendo y viniendo de la
mirada de un gato. Mallarmé y Novalis debieron de escribir de lo que hay en la
mirada de un gato, en vez de escribir de la noche.
HELENA
Levantas
a los cuerpos, te inhalan, te ponen en el espejo, en la llave. Nos apartas de
ese otro mundo en dónde existimos solo en imagen para llevarnos a otro dónde
existimos solo en imagen. Al sueño le pelas los dientes, nos arrullas entre
risas y vasos que desbordan la promesa de la noche, nos muestras al sueño sin
sueño.
Eres
tan delgada como los cuerpos que te consumen, te gusta la moda y la plática
erudita, una Helena de barrio. Levantas la guerra y tu caballo de Troya es un
shot de mezcal con nombre Kitch. Te miramos en las películas de Tarantino y
nos enseñas a tomarle gusto a las secuencias en los filmes de Gansters.
Montaste a los nuevos ídolos de la patria en corridos que alientan a mirarnos
al espejo en el que te ponemos cada noche, te recostamos en las llaves de
nuestras casas como recostamos al sueño pinchado de un tendedero con pinzas de
plástico y jabón de pasta. Nos dices en cada aspirar cómo orear los sueños, nos
dices la manera de tallarlos contra el lavadero hecho de cemento en nuestras
azoteas. Los dejamos descansar, los dejamos orear mientras nos compramos ropita
intima para gustarte más, me dices que las transparencias en los calzones
siempre son más guarras, nos acompañas a la tienda de ropa interior y tú mueves la cabeza
descartando o aprobando garritas que nos ayuden a recostarnos sobre el espejo.
Eres
tan blanca cómo la Helena, provocas la voz afilada, el comentario exacto,
permites la mañana.
Te
levantan por los bares de la ciudad
y
por las descarapeladas vecindades
tu
cuerpo pesa como la más hermosa lapida
Cómo
las nubes que nos guardan.
MIS CALZONES BIKINI
Me
dio vergüenza pagarlos
Nunca
he tenido unos calzones de bikini
Los
he sacado de su bolsa en el café de la tertulia
Los
huelo
Me
los imagino puestos
Pienso:
estos calzones son mi futuro, son la prueba de que aún no he muerto.
Alguien
me amará por usarlos y los acariciará en el bar, en la comida con los padres,
me meterá la mano al pantalón y dirá:
“estoy con alguien vivo”
Los
calzones son caros. Imagino cuándo tenga más de cinco. Valdré más que mí pasado
lleno de calzones fracturados.
Seré
alguien que camina;
Alguien
que no tema pasar debajo de las escaleras sobre la banqueta.
Alguien
que no evita pasar por los panteones en los pueblos.
Los
calzones son azul marino y con un resorte grueso hecho de miradas de un hombre actual:
ágil, despreocupado y fumador en mesas despobladas y café de medio oriente o
parisino.
Tengo
unos calzones que comprueban que aún no quiero morir, y qué, además, comprueban
que soy un hombre moderno.
He
pensado en ocuparlos como moneda de cambio cuando llegue al Hades y
Caronte me exija la moneda para pagar el
viaje que te hace cruzar esos ríos de sangre que dicen, iluminan el hades.
He
pensado que me entierren con ellos entre los dientes.
Diré:
mira Caronte, estos son unos calzones
muy caros, son refinados y a quién se los pone lo hace ver moderno, siempre
moderno. Poseen la vida en la
mirada de quien los vieron puestos, si me dejas subir a tu barca serán tuyos.
Así
estaré más vivo que nunca.
Valentín Arcadio. Nació en la Ciudad de México en el año del
terremoto; ahora cursa una licenciatura en Creación Literaria. A veces se pone
a soñar en el nombre que llevará su tesis. Es adicto al té verde y en las tardes con
lluvia se pone a ver vídeos de ballenas. Dicen que cuando era niño, bailaba sopa de caracol.