PAULO GAYTÁN

Una cama

                                                               La noche tiene la forma de un grito de lobo.
                                                                                                      Alejandra Pizarnik

He dormido sobre la banqueta del mundo
sobre cuerpos muertos de miedo
envuelto en cobijas de lluvia
en azules agujeros de fuego
en la cárcel compartiendo el calor
que raya las caras sin ojos
entre las blancas piernas de la muerte
en el frío hocico de la noche
en el dulce calor de la mentira
flotando en el océano del hambre
en la caricia fría del óxido
mientras sueño con una cama
para recordar la tierra.

En cada movimiento
Alcánzame al otro lado de la calle
al otro lado del sol
aunque se pierdan las líneas de los pasos
en el arrastrar del olvido
sembramos en medio de la calle
un árbol consciente de sí mismo
que prefirió arder antes que ser un recuerdo

Crujen los pájaros de música honda
y las manos quedan como mariposas
rotas entre sus alas
un temblor de palabras lo inunda todo
el contorno de los cuerpos es tan azul
que no necesitamos la luz de la calle

Recuerda tu vida así
sin un plan trazado
tumbando los muros a gritos
en cada movimiento 
en cada impulso de la sangre
que nos recuerda que no soy el mismo
que te dio a probar la lluvia.
Si te fijas bien el mundo no existe
es una sombra en tu nuca
el inconcluso sueño de dios
que despertó con miedo
al verse solo.



Me olvido

No tengo dinero ni recursos ni esperanzas.
Soy el hombre más feliz del mundo.
Henry Miller

Me olvido
paseo como un rumor
como esa confesión que era mejor callar
navego a la deriva
cierro los ojos y me dejo llevar por el incendio

Cielo abierto es una tumba
cuando tus huesos son de piedra azul
nadie ha podido ver mi corazón
pero juran que ahí está
entre el hierro y la sange el metal
y el mantra 

Me olvido del ciego y del leproso
cuando me ato una nube al cuello
y me dejo caer al sol o al pavimento
a las montañas o a los ríos
da lo mismo.


El cuerpo es una campana

El cuerpo es una campana
                                             y vibra

oscuro ruido de guitarras
el canto del incendio de cada árbol en la conciencia
la voz del otro que es tuya aunque se vaya al final

Esos pájaros emigran a otro cielo
su sonido se apaga en voces despeñadas
blanco abrazo de tempestad.

Perdí la llave

Perdí la llave de la tranquilidad
chupando mi soledad salvaje
vomitando toda luz de la entraña
nací muerto como todo el mundo
devoré los ojos de mi madre 
como todo niño
mamé violencia en la casa y la televisión
rompí cada ventana
que me recordaba a mi padre
fui educado con las manos amarradas
hasta que descubrí el fuego

                                Voy a quemarlo todo.


Fantasma

Cuando era niño temía a la oscuridad
hasta que una noche apagué la luz
y decidí esperar al miedo
tanto esperé que me acostumbre al silencio
mis ojos pudieron ver cada sombra
cada fantasma buscando una puerta
una salida hacia la luz

Todo eso lo recuerdo ahora
que el miedo ha vuelto
dejo una luz prendida
o cierro bien la ventana
y recuerdo a esos fantasmas
que como yo siguen buscando una puerta
que como yo nunca la van a encontrar.

Poemas seleccionados del libro Fincar los abismos






Paulo Gaytán  (Torreón Coahuila, 1975) Poeta y promotor cultural. Sus poemas y cuentos han aparecido en diversas publicaciones del país. Es autor de los poemarios Round de sombra (Ediciones bajo el mezquite, ICOCULT, 2009) De Profunda piel (Siglo XXI, Escritores coahuilenses, cuarta serie, 2011) Fincar los abismos (Instituto Mexiquense de Cultura,2014)

Su obra aparece también en las antologías poéticas Coral para Enriqueta Ochoa (ICOCULT 2009) Bosquejo de la noche, colectivo NIT (Dirección Municipal de Cultura,Torreón, 2012)  y Poesía ahora: nueva poesía coahuilense (Editorial Atemporia 2014).

Colaboración: Jesús García Mora



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